El PSOE aleja el horizonte de las generales «hasta que se resuelva lo de Ceuta»
Todos los planes han saltado por los aires.
El Gobierno acabó exhausto el curso político y justo cuando encaraba el descanso estival la crisis de Ceuta irrumpió para cambiar el guion.
La falta de previsión inicial, la respuesta tardía y una errática estrategia de abordaje del problema después han enquistado la situación.
El balance, en lo político, es demoledor para un Ejecutivo que queda muy tocado en su credibilidad y con una enmienda a la totalidad al que hasta ahora era su baluarte estratégico: exhibir gestión.
En Moncloa han construido su proyecto de los últimos años por contraposición al PP, erigiéndose como garantes de la buena administración de los recursos públicos frente al «modelo de recortes y privatizaciones» del Partido Popular vigente en el grueso de las comunidades autónomas.
Este argumento se desvanece.En el Gobierno reconocen que esta no es «una crisis más», porque ha conseguido lo que hasta ahora parecía imposible, un desacople entre Sánchez y sus irreductibles.
Arrecian las críticas sobre el rumbo que ha tomado el Ejecutivo, sin querer señalar a Marruecos, con una fallida publicación de documentos reservados que tumban su versión de los hechos y con un enredo competencial para desviar la responsabilidad hacia Juan Jesús Vivas , un liderazgo muy consolidado.
En el partido hay cada vez más voces que reniegan de la estrategia y critican que Moncloa se haya dado «una tiro en el pie» con algunas de las decisiones que ha tomado. «Es todo incomprensible», se lamenta un cargo tradicionalmente alienado con la dirección federal.
En la calle, el sentir es parecido, los votantes del PSOE no secundan la estrategia exculpatoria de Rabat en lo sucedido y critican la gestión gubernamental y que Sánchez no interrumpiera sus vacaciones para hacerse cargo del asunto, después de calificarlo como una «violación de la integridad territorial» de España.
Una falta de sintonía que se torna del todo inoportuna en vísperas del ciclo electoral al que se asoma el país en 2027 y con cuestiones como la inmigración que serán «elementos centrales» de la campaña.Con estos mimbres, en Moncloa recalculan la estrategia.
Sobre la mesa había un plan bastante definido, que se esperaba a la vuelta de vacaciones para activar.
La preparación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) más expansivos y sociales que se recuerdan para utilizarlos como palanca para llamar a las urnas en el primer trimestre de 2027.
Fuentes gubernamentales evitaban adelantar plazos sobre la tramitación de las cuentas, que debían desembocar en ese calendario electoral, asegurando que la decisión se tomaría durante el verano.
Y el verano ha sido decisivo para dejar todos los planes en barbecho.
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