La paradoja de la guerra de Trump: la superpotencia militar que no puede fabricar armas al ritmo que las dispara
La guerra contra Irán está poniendo a prueba una de las grandes fortalezas de Estados Unidos y dejando al descubierto una debilidad mucho menos visible: la capacidad de reponer su arsenal . Washington dispone de una maquinaria militar extraordinaria, pero sus armas más sofisticadas son caras, complejas y lentas de fabricar. Tras meses de ataques, el Pentágono se ha visto obligado a pedir a la industria que acelere una producción que lleva décadas sin estar preparada para una guerra de este tamaño.
La imagen de Estados Unidos como la gran superpotencia militar del planeta tiene una grieta que la guerra contra Irán está haciendo cada vez más visible. No está en sus aviones, ni en sus portaaviones, ni siquiera en su capacidad para lanzar ataques a miles de kilómetros de distancia. Está en algo mucho más básico: qué ocurre cuando los misiles empiezan a gastarse y hay que fabricar otros para sustituirlos .
La respuesta está resultando incómoda para Washington. Después de cinco meses de conflicto, Estados Unidos ha consumido prácticamente todo su arsenal global de determinados misiles de precisión de largo alcance, según fuentes consultadas por Reuters. Se trata de los ATACMS y los PrSM , dos de las principales armas tierra-tierra del Ejército estadounidense. Son misiles especialmente valiosos porque permiten atacar objetivos desde grandes distancias sin exponer a los pilotos a las defensas enemigas.
El problema es que no son munición que pueda reponerse de un día para otro. Cada unidad cuesta más de un millón de dólares y su fabricación requiere tiempo, componentes especializados y unas cadenas industriales que Estados Unidos ha ido concentrando durante décadas.
A su vez, Irán está aprovechando precisamente esa circunstancia. Los ayatolás se aferran a su posición mientras el conflicto se prolonga y el arsenal estadounidense se reduce. La lógica es sencilla: cuanto más dure la guerra, más munición tendrá que gastar Estados Unidos y más difícil será para el Pentágono recuperar las reservas que tenía antes del conflicto.
La situación ya había sido advertida a Donald Trump antes del comienzo de la guerra, el pasado 28 de febrero . Ahora, meses después, las advertencias se han convertido en una preocupación real dentro de la estructura militar estadounidense.
Según las fuentes militares citadas por CNN y Reuters la semana pasada, Estados Unidos ya ha gastado cerca del 80% de las municiones del sistema de defensa antimisiles durante la guerra contra Teherán. En concreto, el Ejército habría utilizado cerca del 80% de sus interceptores THAAD y aproximadamente el 50% de sus Patriot.
La situación adquiere una dimensión especialmente llamativa cuando se observa qué está utilizando Irán. Los drones Shahed se han convertido en una de las herramientas con las que Teherán está explotando la debilidad estadounidense. Son sistemas mucho más baratos y rápidos de producir que los sofisticados misiles interceptores que utiliza Washington para neutralizarlos.
Cada vez que un sistema estadounidense dispara un interceptor para destruir una amenaza iraní, el Pentágono pierde una pieza de un arsenal que necesita meses para recuperar.
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