El ‘lobby’ petrolero pro-Trump se hace de oro con la guerra contra Irán
A Donald Trump le cuesta asumir las responsabilidades cuando las cosas no salen bien. Acostumbra a señalar a otros cada vez que está bajo el foco. Los acusa y amenaza hasta que pasa la tormenta. Así lo ha hecho con la inflación o con el fracaso de la piscina reflectante de Washington . Hace un par de semanas también culpó a las grandes petroleras del alto precio de los carburantes, por encima de los cuatro dólares por galón. Las reprendió por estar “ganando demasiado dinero”, y exigió la devolución de parte de sus beneficios. “Cuando ves una empresa que ganó doce veces más que el año anterior, debería devolver parte de esas ganancias al público”, señaló desde la Casa Blanca ante la preocupación porque el precio de los carburantes está afectando al bolsillo de las familias. “Más les vale bajar el precio de venta al público, el precio para el consumidor”.
Esas palabras gruesas, como acostumbra Trump, tienen sin embargo mucho de movimiento cara a la galería, de brindis al sol para apaciguar a sus votantes de cara a unas elecciones de mitad de mandato en las que pintan bastos para los republicanos . De fondo, en cambio, lo que subyace es algo bien distinto: si un sector ha recibido un especial trato de favor del mandatario, ese es el del petróleo. Solo las tecnológicas y los amos de las criptomonedas pueden preciarse de compartir el podio de preferencias presidenciales.
Su guerra contra Irán está siendo, en fin, una inagotable fuente de milmillonarios beneficios caídos del cielo para la industria fósil estadounidense, donante clave de Trump en la campaña de 2024. Aquellas elecciones acabaron con el magnate de nuevo en el poder y, meses después, con uno de los suyos, Chris Wright , ejecutivo petrolero de larga data y negacionista irredento, al frente de la poderosa Secretaría de Energía. Quién mejor que él para asegurarse de que el presidente no se desvíe ni un milímetro del tantas y tantas veces repetido “drill, baby, drill” (“perfora, cariño, perfora”) .
Los números no mienten: las grandes compañías petroleras están haciendo el agosto en los últimos meses. El bloqueo del estrecho de Ormuz ha reducido la oferta mundial de petróleo y gas natural licuado (GNL, el que se mueve por barco) , disparando su cotización y, también, los de por sí jugosos márgenes de los colosos energéticos. Los cinco mayores nombres del sector en EE UU obtuvieron un beneficio de 65.500 millones de dólares (56.000 millones de euros) en el primer semestre del año, un 65% más que en el mismo período de 2025. La segunda mayor de ellas, Chevron, casi cuadruplicó sus ganancias.
La propia Chevron, Exxon y ConocoPhillips, los tres pesos pesados del crudo y el gas en EE UU, han vendido más que nunca. Tanto dentro como fuera del país norteamericano. Y lo han hecho a precios que no se veían desde la invasión rusa de Ucrania.
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