La Transición como nunca te la han contado
Siempre he sido un aficionado pertinaz al género de la «ucronía», esas ficciones especulativas que prueban a imaginar cómo habría discurrido la Historia desde un punto de divergencia concreto, imaginando que un hecho real aconteció de forma distinta.
Contemplando los estertores del estercolero creado por el Régimen del 78, muchas veces me he preguntado cómo habría sido España si, tras la dimisión de Arias Navarro en 1976, mi querido amigo José Miguel Ortí Bordás hubiese sido designado presidente.
Inevitablemente, tales fantasías «ucrónicas» han vuelto a merodearme mientras leía el más reciente libro de Ortí, 'Memoria de la Dictadura y de la Transición' (CEU Ediciones), un libro de remembranzas a la vez íntimo y dilucidador, escrito con una deliciosa gracia leve y aleve.Creo que mi admiración rendida por José Miguel Ortí Bordás se explica porque reconozco en él un alma gemela. «Siempre ha existido en mi comportamiento algo íntimamente polémico, contradictorio y paradójico, de lo que he sido perfectamente consciente», reconoce en algún pasaje de su libro Ortí, que en otro lugar se define como «poco o nada complaciente con los poderosos y amigo, sin embargo, de los caídos en desgracia».
Además, Ortí puede presumir de acumular infinidad de vetos en su vida política, desde el veto de López Rodó por defender la legalización de las asociaciones políticas hasta el veto de Jordi Pujol (instigado por Joaquín Almunia, que había sido humillado por Ortí en un rifirrafe parlamentario) que le impidió ser presidente del Senado durante el primer mandato de Aznar, pasando por los vetos de Torcuato Fernández-Miranda y Adolfo Suárez.
Y, en fin, Ortí cuenta con tres marcas imbatibles: ha sido el único candidato al Congreso de los Diputados elegido al margen de los partidos políticos; ha sido el diputado que en las Cortes Constituyentes mayor número de enmiendas presentó al bodrio constitucional; y ha sido el único parlamentario que logró romper la disciplina de voto del grupo socialista con una intervención en la tribuna.En 'Memoria de la Dictadura y la Transición' Ortí no se dedica, sin embargo, a glosar sus méritos, tampoco a componer un memorial de agravios, sino a ofrecernos «sin ocultaciones, disfraces, espejos deformantes o cristales esmerilados» su recuerdo de aquellos años, en los que asumió un papel protagonista.
Ortí había militado en las filas de los «reformistas azules» del franquismo, jóvenes que protagonizaron la reforma política, en liza con el sector opusino acaudillado con López Rodó, donde acampaba Adolfo Suárez, «un joven franquista característico, macerado a fuego lento en el ambiente cerrado de una provincia pequeña», al que Ortí dedica una etopeya tan penetrante como demoledora.
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