Los ganaderos trashumantes reivindican su papel «abriendo cortafuegos»
Ya antes, mucho antes, de que los vehículos a motor adaptasen sus vías para moverse y el asfalto fuese ganando terreno, el movimiento del ganado había ido dibujando sus propios trazados.
Cañadas reales cual autovías con 75 metros de ancho; cordeles y veredas como carreteras... y hasta descansaderos como particulares áreas de servicio.
Todo un mapa de vías -pecuarias- cuya fecha exacta es difícil fijarla -puede que ya incluso en época prerromana-, que vivió su esplendor allá en la Edad Media y los tiempos de la Mesta, y que más allá de para indicar por donde circular en esos tiempos sin GPS, localizador ni brújula en los que la hora y salida del sol y las sobras eran la única orientación, servían también sin saberlo como auténticos «cortafuegos» con el ganado actuando como 'bomberos forestales'.Lo sabe bien Javier, ganadero en la zamorana Sanabria y a quien se le escapa el resoplido al recodar cómo estuvieron cercados por unos fuegos forestales de 2025 en esta zona difíciles de olvidar. «Lo pasamos muy mal», recalca de lo vivido entonces y las marcas que todavía acusa el terreno.
En el que se ve, apunta, cómo el «fuego atacó más o menos» en función del combustible forestal que encontraba a su paso.
Donde las praderas estaban «muy comidas» pasó sin tanto daño, agrega. «Parece mentira que con un incendio tan fuerte no se hayan quemado», señala en relación a esas parcelas «trituradas» por el pastar y pasar del ganado. «El fuego se frena, está más que comprobado», defiende.
La ganadería en extensivo, recalca, «ayuda a frenar un incendio tan grande».
Y con la actividad trashumante que lleva haciendo «de toda la vida», favoreciendo el control de los pastos en diferentes zonas.
Mueve cada año unas 120 yeguas y 600 vacas, dentro de la propia provincia de Zamora, buscando pastos de invierno y verano y también para «dejar recuperar» las zonas verdes.
Eso sí, la «burocracia» pesa y «no dan muchas facilidades».
Además, se queja, cañadas, veredas... están «abandonadas».
Aunque este año, después del aciago 2025 están «haciendo algo», advierte de que «son muchos años de abandono».Las las comparte César, pastor abulense trashumante «de toda la vida» y que quiere seguir siéndolo por más que esta forma de mover a sus reses a pie cada vez sea menos frecuente y, sobre todo, se queja, «tenemos una burocracia de la leche».
Como todos los años desde que era niño a finales de junio volvía desde Talavera con sus vacas y también acompañando a las de un amigo.
Unas 450 cabezas en total hasta los pastos en la zona de San Martín de la Vega del Alberche y quince días en ruta en los que se duerme «cuando se puede» y se avanza al ritmo que manda el vacuno.
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