Una buena tarde empañada por la cornada a un monosabio
Cuando el toro está en el ruedo nadie está a salvo.
Ni los de oro ni los de plata.
Ni tampoco los que visten camisa roja.
Andaba coleando a Carrillón el monosabio más allá de las rayas, con el peligro que entraña.
Arriesgando demasiado sin necesidad alguna.
Se veía venir que el colorado podría darse la vuelta y prenderlo.
Y así fue: de fea manera lo cogió y lo pisoteó mientras acudía el capote de Sebastián Castella.
Tuvieron que salir los mozos que auxilian a los caballos de picar y algún arenero para asistirlo y llevarlo al callejón mientras perdía, con perdón, los pantalones. ¿Y las cuadrillas? Los de blanco y rojo lo trasladarían hasta la enfermería, donde se confirmó que iba herido con una dura cornada.
Castella, que había adivinado la boyante condición del colorado desde sus despaciosos lances, brindó y arrancó con firmeza en los medios para templarse en una aseada faena, oxigenando al colorado para dosificar su fondo, de más nobleza que motor.
Entre los pitones acabó y lo cazó a la primera.
No cuajó del todo la petición, pero el presidente andaba generoso y otorgó un trofeo.
Muy 'ita' la orejita del francés comparada con la de Roca del día anterior o la posterior de David de Miranda.
Maravilló el inicio de rodillas, con toreros ayudados.
Y siguió con apabullante su valor, dejándose lamer la cintura y las femorales por las agujas del nobilísimo quinto.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.