Glaxo: Benjamín Naishtat sorprende con un atmosférico e inquietante cuento de madurez infectado por la violencia de la dictadura (****)
La sección oficial la completan Krux (*), una fábula tremenda, agria y desoladora sobre la oleada de suicidios en Alemania tras la Segunda Guerra Mundia, y la sueca Brace your heart (*), un western íntimo en una Laponia de renos, traumas y patriarcado
Todo festival de cine, como la misma vida, discurre entre la agitación de la madrugada y la calma del mediodía; entre el tumulto de las alfombras rojas y la expectación en duermevela de la sala de cine; entre lo uno, lo otro y un poco lo de más allá. Pues bien, el domingo ocurrió todo y todo a la vez. La sección oficial hablaba de suicidios en masa en Alemania, violaciones en Laponia y asesinatos en Argentina, y, al mismo tiempo, la calle, bajo un sol más mediterráneo que cantábrico, literalmente ardía. Lo hacía con centenares de personas congregadas a media mána a las puertas del hotel María Cristina para esperar, hacer fotos, gritar, agitar los brazos y hasta mesarse los cabellos lo más cerca posible de los Javis, de Penélope Cruz, de Guiterricadelafuente y de todos y cada uno de los integrantes de la amplísima troupe de La bola negra. Y mientras, en la sala oscura, aún en estado hipnagógico (así lo llaman), muertes, culpas no redimidas y un olvido más grande que la propia vida. El cine, como la propia vida, es así de contradictorio.
La más destacada de las tres películas entregadas en sacrificio a una competición decididamente oculta fue la presentada por el argentino Benjamín Naishtat. Al director le avala un universo propio cimentado en obras mayores como Rojo y Puan . Su nuevo trabajo, Glaxo , se podría considerar heredero de la primera cinta citada. De nuevo, se trata de traer los códigos del cine negro, debidamente macerados en unos años 50 tan inquetantes como envenenados de violencia, a un drama que tiene que ver con la amistad, con los sueños de juventud y con el tiempo que no hay forma de recuperar. Todos ellos temas de los grandes encapsulados en los modales renovados de un género por definición febril, oscuro y crudo, muy crudo.
Se cuenta la historia de un grupo de amigos que hace tiempo se vio roto por la traición de uno de ellos. A un pueblo alejado de todo (Chivilcoy) llega un viejo policía retirado y represor con honores sangrientos durante el temprano golpe militar a Perón como síntoma de todas las dictaduras que vendrían después. Al excomisario, interpretado muy cerca de la náusea por un enorme Marcelo Subiotto, le acompaña una mujer (Lali Espósito) empeñada en revolucionarlo todo, incluidos los cuerpos y los deseso aún sin formar de los jóvenes. Cuando uno de estos últimos, además de amante ocasional de la mujer de marras, descubra que otro de sus colegas es tambíen un rival de amores ocultos, cometerá el mayor de los crímenes: la delación, la delación ante el esposo encelado y ruin.
La película se presenta en dos tiempos. Toda la trama discurre en un largo y profundo flashback a contar desde la salida de la cárcel del joven (Esteban Bigliardi) delatado. El policía se las arregló para que su historia acabara de esta manera.
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