Vinicius no está, pero se le espera
Vinicius ya no sonríe.
Está serio, cabizbajo, taciturno.
Juega de titular contra el Leipzig, porque en Champions no está sancionado, pero la alegría ha desaparecido de sus botas .
La mayor parte del partido pasa desapercibido, tiene dos ocasiones, en una se saca un buen disparo desde fuera del área, pero ambas las para sin problemas Vandevoordt (que me perdone si lo escribo mal).
En una acción en la banda, en la que ha hecho un esfuerzo defensivo impropio de él, o impropio de él en los últimos tiempos, el balón rebota en él y en el atacante rival y se marcha a saque de banda.
El linier concede el balón al conjunto alemán y él, durante un microsegundo, hace amago de extender los brazos en señal de protesta.
Pero contiene el impulso y deja caer sus extremidades.
No está .De la apatía del brasileño, porque ese es el estado en el que se encontraba, como si su mente estuviese en otro lugar, presa de la ansiedad, de lo que ahora los psicólogos llaman sobrepensar, parecían nacer dos buenas noticias: ni una protesta a los árbitros, ni un pique absurdo con algún rival.
Parte del madridismo, en la que me incluyo, se lo ha pedido por activa y por pasiva.
Pero ver a Vini bajar los brazos, dejar pasar la ocasión de gritar al colegiado por un simple saque de banda, genera un sentimiento extraño. ¿Empatía? ¿Contrariedad?En fin, en pleno recital de Güler, otro más, yo observo a Vini.
Veo cómo Mbappé, empecinado en buscarle toda la primera mitad, es peor con él en el campo.
Y tengo un fuerte deseo de que el 7 –mi número favorito– se sacuda el ensimismamiento de encima, meta un golazo y arruine la columna que está empezando a cobrar forma en mi cabeza.
Pero no.
No pasa nada.La memoria es caprichosa.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.