Doré, Rauschenberg y Dante': el 'Infierno' son los medios de comunicación
Me entregué, lo confieso, a la 'bibliomancia'.
Busqué en la estantería del pasillo mi viejo ejemplar de la 'Divina Comedia' traducida por Ángel Crespo.
Busqué alguna indicación 'oracular', abriendo al azar y designando 'a ciegas'.
Copio, sin más miramientos, lo que mi dedo índice, en trance matutito, señaló: «Cierto maestro, dije y no me atranco en lo que no advertía y ya discierno, que antes mi ingenio parecía manco».
Pasaje verdaderamente oportunísimo del 'Purgatorio', en el Canto IV, que comienza recordando el deleite y duelo, la comprensión y el alma que pone en ella todo el celo del mundo.
Versos con horizontes y cuestiones, tan frecuentes en el inmenso poema dantesco, cosmológicas.
Acaso necesitaba como impulso para poder escribir algo en esa 'selva oscura' orientarme desde la docta ignorancia, asumiendo que, cuando «la mitad del camino de la vida» ya quedó atrás, tengo todavía que aprender de los maestros antiguos.
Y, sin duda, la confrontación de las versiones del infierno de Gustave Doré y Robert Rauschenberg ofrece lecciones estético-críticas que no pueden dejarnos indiferentes.
Al contrario, recorriendo los espacios de la Fundación Canal, sorteando los rojos círculos del infierno del teatral montaje, surgen numerosos interrogantes que, afortunadamente, no pueden resolverse con ninguna respuesta dogmática.Dos versiones separadasEl retórico y clásico parangón de la relación entre pintura y escritura o poesía, tan presente en el 'Fedro' platónico como en Horacio, equivalente al que suele surgir con las adaptaciones cinematográficas de textos narrativos, está resuelto por ambos de manera muy diferente, separadas sus 'versiones' del 'Infierno' por cien años que suponen, a trazo grueso, el desplazamiento desde el tardo-romanticismo simbolista al post-vanguardismo y a la contemporaneidad marcada por el consumo acelerado.Doré quería publicar un libro de lujo que consiguió un impresionante éxito cuando apareció en 1861 (los dibujos los había realizado entre 1855 y 1856), convirtiéndose en la 'imagen canónica' del mundo de Dante.
Si el francés demuestra una voluntad de ilustrar de forma 'erudita' y minuciosa los versos de ese libro inmenso, Rauschenberg no había leído esa obra antes de comenzar a trabajar sobre ella en 1958.
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