El barrio donde los taxistas en los años 80 no querían ir: "Las compañías ya no aseguraban a las tiendas; las farmacias y estancos eran como búnkeres, con rejas"
El barrio de San Blas , ubicado al este y noroeste de la capital de España, esconde una historia peculiar, desafortunadamente, muy ligada a la heroína y a diversas formas de delincuencia. Fue, de hecho, un importante núcleo de ciertas economías de la ilegalidad.
Un informante nacido en 1967 nos habla de su experiencia en la zona de finales de los años 70 hasta los primeros 90. "En esa época los niños íbamos a calentar el asiento", recuerda. "En el colegio República de Panamá éramos 60 alumnos y encima nos daban de hostias. Un gran número de los alumnos no sabían casi ni leer ni escribir. Llegaban a octavo para luego dejar el cole y ponerse a currar. Nosotros íbamos a clase con el Panamá (famoso delincuente del barrio), al que llamaban así porque iba a nuestro cole el República de Panamá, pero nosotros eso no lo sabíamos. Para nosotros era el Cifuentes, aunque habíamos oído hablar de un chungo al que llamaban el Panamá. Sin embargo, no sabíamos que era el mismo tío".
Continúa: "Del Panamá se decía que vendía drogas, pero que no se ponía , lo cual despertaba mucha admiración. También se decía que estaba muy fuerte. En aquella época, todo el mundo en San Blas estaba metido en el tema de las artes marciales. Nosotros, para no quedarnos atrás, nos metimos a hacer lucha libre. Había esa cultura de el estar fuerte, sería 1985. La delincuencia del Panamá se nos escapa. Lo conozco más por Ana Rosa Quintana que por el barrio".
"En San Blas había otros personajes de menor relieve, pero que fueron famosos en el barrio durante años. Había un tal M. B. Quedó cojo por un disparo y perdió un ojo al tratar de atracar a un carnicero. Eso último ocurrió en una carnicería de Torrejón . Iba a atracar al carnicero y este le apuñaló el ojo. Toda la delincuencia que había en el barrio estaba vinculada al caballo. Había gente de nuestro colegio que eran bicharracos y que acabaron sin dientes, decrépitos. Ese era muy chungo. Extorsionaba a los propietarios de negocios del barrio; digamos que les cobraba un impuesto revolucionario ".
"Se llegó a decir que tenía los carnets de identidad de muchos de ellos para tenerlos amenazados. Así no podían denunciarlo, eso eran leyendas que circulaban. Curiosamente, en la sección F de San Blas las compañías ya no aseguraban a las tiendas y los escaparates de cristal eran de madera. Por otro lado, las farmacias y los estancos eran como búnkeres, tenían rejas, etc. Y así vivíamos. Nuestros padres fueron de los primeros en llegar al barrio en 1962 o 63, cuando estaba lleno de descampados. Mis padres eran de Lavapiés, vivían en la trastienda de una zapatería de la calle Amparo . Para ellos la casa que les dieron en San Blas era como un palacio. Tenía 47 metros cuadrados y dos habitaciones. Éramos tres chicos y mis padres. Imagínate tres tiarrones en una habitación".
San Blas nunca fue un barrio tan reivindicativo como lo fue Vallecas, por ejemplo. Uno de mis entrevistados afirma que, en los 90, algún taxista llegó a dejarle en Ciudad Lineal para evitar adentrarse en el barrio. También había quien decía vivir en la prolongación de Arturo Soria para no confesar que era de San Blas.
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