En 1986, unos mineros dejaron dos pirámides de basura de 150 metros en el norte de Francia. 40 años después, el paisaje era irreconocible
Año 1986, los mineros del norte de Francia dejan de alimentar dos gigantescas pirámides de residuos que llevaban décadas levantando junto a sus explotaciones de carbón.
Aquellas montañas negras, de unos 150 metros de altura sobre el terreno, parecían condenadas a convertirse en monumentos a la contaminación industrial.
Cuarenta años después, habían protagonizado una transformación insólita: el sol, las rocas y la naturaleza habían fabricado, sin que nadie lo planeara, una especie de pequeño Mediterráneo en pleno norte de Francia.
Dos pirámides hechas de basura.
La historia comienza en Loos-en-Gohelle , una localidad del Paso de Calais situada cerca de Lens, en una región marcada durante generaciones por la extracción de carbón.
Durante décadas, las compañías mineras acumularon millones de toneladas de esquisto y otros materiales desechados hasta levantar los dos enormes conos del complejo 11/19 , conocidos como terrils.
Sus cumbres alcanzan aproximadamente los 1 86 metros sobre el nivel del mar y se elevan unos 150 metros sobre la llanura circundante, convirtiéndose en dos de las escombreras mineras más altas de Europa.
Cuando la explotación terminó en 1986, aquellas montañas artificiales quedaron como testimonio de una industria que había transformado por completo el paisaje.
En Xataka Al cobrar impuestos por cada puerta y ventana abierta durante 126 años, Francia empujó a los ciudadanos a transformar sus casas de una manera que aún hoy es visible Una fábrica accidental de clima mediterráneo.
El secreto de la transformación estaba precisamente en aquello que los mineros consideraban basura .
El esquisto negro absorbe intensamente la radiación solar y sus laderas orientadas al sur funcionan como enormes captadores de calor , generando condiciones térmicas muy distintas de las que predominan en los campos circundantes.
La superficie pedregosa, el drenaje rápido del agua y la exposición al sol favorecen ambientes especialmente cálidos y secos, capaces de recordar a determinados hábitats mediterráneos .
Así, en una región caracterizada por su clima oceánico, las antiguas montañas de residuos terminaron creando pequeños refugios climáticos para especies adaptadas al calor.
El Mediterráneo llegó sin pedir permiso.
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