España, una Nación de Esperanza
Ayer, Alberto Núñez Feijóo, candidato del Partido Popular a la Presidencia del Gobierno, publicaba un vídeo que retrataba una España tan real como reconocible.
La España que madruga, que trabaja, que se esfuerza y que se sacrifica cada día para salir adelante.
La España de millones de ciudadanos anónimos que levantan la persiana de sus negocios, cumplen con sus obligaciones y no esperan que nadie les regale nada.
Simplemente aspiran a que su esfuerzo merezca la pena.De fondo sonaba La Esperanza de María, una marcha procesional de Alejandro Blanco Hernández.
Una elección musical que, más allá de su belleza, evocaba un sentimiento que ha acompañado a generaciones enteras de españoles: la esperanza.Mientras veía aquellas imágenes, inevitablemente me venían a la memoria mis abuelos y mis padres.
Sus esfuerzos, sus sacrificios y las dificultades que tuvieron que superar para salir adelante.
Mis padres emigraron de Málaga a Cataluña buscando oportunidades, como hicieron millones de españoles que dejaron atrás su tierra para construir un futuro mejor.
Trabajaron incansablemente, con sacrificios y renuncias, para que mi hermana y yo pudiéramos disfrutar de oportunidades que ellos no habían tenido.Y estoy convencido de que esa misma historia, con distintos protagonistas, se ha repetido en millones de hogares de nuestro país.Porque esa es, precisamente, la historia de la España que conocemos.
La de una nación que, desde el inicio de nuestra democracia, fue capaz de construir, entre todos, una sociedad en la que el trabajo tenía recompensa, el esfuerzo permitía progresar y cada generación podía aspirar a vivir mejor que la anterior.
Una España donde el ascensor social funcionaba y donde el origen de una persona no determinaba necesariamente su destino.No fue un camino sencillo.
Hubo crisis económicas, dificultades y momentos de enorme incertidumbre.
Pero existía una convicción compartida: trabajando, esforzándose y haciendo las cosas bien era posible construir un proyecto de vida.
Comprar una vivienda, formar una familia, educar a los hijos y mirar al futuro con una razonable tranquilidad.Pero aquel ascensor social que permitió prosperar a generaciones enteras de españoles se ha parado en seco.
Aquello que durante décadas fue el horizonte natural de millones de familias hoy se ha convertido, para demasiados jóvenes, en un sueño prácticamente inalcanzable.
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