Daniel Craig se convierte en dueño de un pub londinense con un fantasma en el sótano
Daniel Craig ha cambiado por un momento los rodajes por los pubs.
El actor británico, que interpretó a James Bond en cinco películas, se ha convertido en copropietario de The Horseshoe, un establecimiento londinense de unos 250 años de historia.El local está en Clerkenwell y tiene un inquilino peculiar, al menos según la leyenda: el fantasma de un verdugo llamado Gilbert, que habitaría en el sótano.
Al enterarse de la historia, Craig reaccionó con humor en una entrevista con 'The Times': «No sé qué bebe, pero quizá tengamos que dejarle una pinta ahí abajo: «Aquí tienes, Gilbert»».La operación la comparte con Nick Jones, fundador de Soho House; Charlie Carroll, fundador de Flat Iron, y Justin O'Shea, director creativo de Bad Belze, la marca de cerveza que ha lanzado con Craig.
The Horseshoe acaba de cerrar para someterse a una reforma que durará aproximadamente un año.Un fantasma llamado GilbertLa antigua propietaria, Pauline Tucker, fue quien contó al actor que el pub tenía fama de estar encantado.
Ella y su marido, Richard, estuvieron al frente del local desde 1990. «No lo ves.
Lo sientes», explicó Tucker al citado medio sobre la supuesta presencia en la bodega.La tradición dice que Gilbert fue verdugo y que dejarle una pinta por la noche ayuda a mantenerlo tranquilo.
No consta que Craig haya prometido cumplir con el ritual, pero su respuesta deja claro que la historia no le ha quitado las ganas de hacerse con el establecimiento.La leyenda acompaña a un pub con una historia mucho más tangible: sus puertas llevan abiertas desde el siglo XVIII.
Para el actor, además, el negocio tiene un vínculo personal.
Sus padres regentaron un pub en Frodsham, Cheshire, y sus abuelos también tuvieron uno en Chester.«Me crié en los pubs»Craig recuerda que pasó buena parte de su infancia en los locales familiares, donde también se celebraban fiestas que se alargaban más de la cuenta. «Había fiestas clandestinas y cosas así, especialmente en Nochevieja.
La gente solía divertirse bastante», contó.También evoca las conversaciones con los clientes habituales, especialmente a la hora del almuerzo. «Cuando era niño, podía bajar y hablar.
Para los lugareños, especialmente a la hora del almuerzo, siempre se hablaba del día, de lo que estaba pasando», explicó.
En su recuerdo, el pub era un lugar donde los vecinos podían reunirse y hablar incluso de sus problemas.Esa experiencia familiar parece estar detrás de su interés por conservar el carácter de The Horseshoe.
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