David Morrissey, protagonista de 'Gone': «Los hombres en posiciones de poder a veces no saben cómo sentir o cómo ser vulnerables»
Michael Polly tiene un problema.
Mientras la Policía intenta averiguar qué ha ocurrido con su esposa, no parece comportarse como debería hacerlo un marido desesperado.
Sarah ha desaparecido y él permanece contenido, continúa preocupado por sus obligaciones como director de un prestigioso colegio privado y no ofrece a quienes lo observan las manifestaciones de dolor que muchos esperarían encontrar.
En 'Gone', el thriller creado por George Kay que Filmin ha estrenado en España este martes, esa aparente serenidad comienza pronto a alimentar las sospechas.
David Morrissey, que se mete en la piel de Polly, lo resume diciendo que «no encaja en la imagen que esperamos de una víctima».El actor británico ya había hablado sobre esta cuestión con Kay. «Tuvimos una conversación sobre cómo el público exige un determinado tipo de víctima», explica Morrissey en conversación con ABC. «El público exige que alguien que ha pasado por una tragedia, o incluso por algún tipo de escándalo, se comporte de una determinada manera.
Y cuando la víctima no se comporta así, eso confunde al público hasta el punto de que empieza a sospechar de esa persona».'Gone' explota precisamente esa expectativa y juega también con su reverso, ya que del mismo modo que creemos reconocer cómo debería comportarse una víctima, tendemos a buscar gestos, silencios y contradicciones que asociamos con alguien que oculta algo.
Michael Polly queda atrapado, ante los ojos de la audiencia, entre la inocencia y la culpabilidad.
La inspectora Annie Cassidy, interpretada por Eve Myles, intenta descifrar a un hombre cuya conducta puede parecer por momentos la de una víctima incapaz de exteriorizar su dolor y, en otros, la de alguien que sabe mucho más de lo que cuenta.
La audiencia queda sometida a la misma incertidumbre y oscila entre la sospecha y la empatía.
A esa ambigüedad se suma la profunda contención emocional de un personaje a quien el actor define como «emocionalmente atrofiado».En esa incapacidad de Polly para expresar sus emociones se encuentra uno de los asuntos que trascienden el misterio policial de la serie. « Hablamos del problema de la masculinidad tóxica.
Creo que parte de eso es el hecho de que los hombres en posiciones de poder a veces no saben cómo sentir, cómo expresarse o cómo ser vulnerables.
Y eso forma parte del problema».Morrissey, que ha interpretado a numerosos hombres con autoridad a lo largo de su carrera, considera que el elemento que los une es, sobre todo, el conflicto: «La realidad es que hay muchos hombres en el drama que luchan con sus emociones».Para acercarse a Polly, Morrissey visitó varios colegios y conoció a algunos de sus directores, una experiencia que cambió su percepción sobre las responsabilidades que implica estar al frente de estas instituciones.
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