¿Cuánto vale realmente Goku?
Dragon Ball nació en 1984 como un manga dibujado por Akira Toriyama para una revista japonesa. Cuatro décadas después, aquel universo de artes marciales, bolas mágicas y combates imposibles se ha convertido en materia prima para una operación económica entre Francia y Arabia Saudí valorada en 6.000 millones de euros.
El Elíseo anunció este lunes un acuerdo para construir cerca de Cergy-Pontoise, al noroeste de París, un gran complejo de parques de ocio inspirado en Dragon Ball Z . La financiación correrá a cargo de Qiddiya, el grupo saudí de entretenimiento e inversión que también participa en algunos de los grandes proyectos con los que el reino intenta reducir su dependencia económica del petróleo. Según la Presidencia francesa, el desarrollo podría generar alrededor de 22.000 empleos . No existe todavía una fecha de apertura y quedan por concretar elementos importantes del proyecto.
La dimensión de la operación resulta llamativa incluso en una industria acostumbrada a transformar películas y personajes en atracciones. Según la información facilitada por Francia, el desarrollo incluiría tres parques diferentes y necesitaría varios años de construcción . Para el Gobierno de Emmanuel Macron , sirve además como demostración de la capacidad francesa para seguir atrayendo inversión extranjera.
Pero la peculiaridad del acuerdo está en su recorrido geográfico. Una obra japonesa se convierte en el centro de una inversión saudí realizada en territorio francés . La propiedad intelectual viaja por separado de su país de origen y adquiere funciones que van mucho más allá de vender manga, videojuegos o series de televisión.
La idea del proyecto, según asesores de Macron citados por Reuters, habría empezado a tomar forma después de que el presidente francés y el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman , descubrieran durante una visita de Macron a Arabia Saudí en 2025 que ambos compartían interés por Dragon Bal l Z. La anécdota es casi demasiado perfecta: una afinidad construida alrededor de una serie japonesa termina facilitando un proyecto multimillonario de inversión internacional.
Conviene, sin embargo, separar la curiosidad de la estructura económica que hay detrás.
Para Arabia Saudí, el entretenimiento se ha convertido en una pieza visible de Vision 2030, el programa con el que el país intenta diversificar su economía. Qiddiya es uno de sus instrumentos principales. Cerca de Riad, la compañía desarrolla desde hace años un enorme distrito de ocio, deporte y cultura que incluye otro parque dedicado precisamente a Dragon Ball.
El salto a Francia introduce una dimensión nueva. Arabia Saudí no estaría utilizando únicamente el entretenimiento para construir destinos dentro de sus fronteras, sino también para desplegar capital y presencia cultural en uno de los mayores mercados turísticos europeos. Ahí Dragon Ball funciona casi como una infraestructura diplomática.
Durante buena parte del siglo XX, el concepto de poder blando se utilizó para describir la capacidad de un país de ganar influencia mediante su cultura, sus valores o sus industrias creativas. Hollywood fue probablemente su ejemplo más evidente.
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