El mejor sustituto de Morante, entre la faena (sin espada, para variar) de Borja
«Ha cortado Morante tres orejas en Almagro», se oía al salir de la plaza este martes. «Pues que no venga mañana», contestaba un hombre mayor, que no debía ser muy aficionado.
Y sus deseos se cumplieron: baja fue el Genio, al que sustituyó el autor de la mejor faena de la feria, Juan Ortega. «Pues es el mejor sustituto», comentaba un chaval por la mañana.
El sevillano disfruta en la ciudad conquense, y hace disfrutar.
Precioso fue el inicio de faena al segundo de la tarde, por molinetes y unos preciosos pases de las flores tan despaciosos que hacían olvidar el incómodo aire que no dejó de soplar.
Eran pura caricia.Como también lo fue la trincherilla que dejó Borja en el inicio del tercero.
Comenzó torero por bajo tras brindar a Maximino Pérez en un emotivo momento que puso a los tendidos en pie.
Entendió a la perfección el de Espartinas a un toro al que ya recibió por templadas verónicas -permitiéndolo el astado, no como los dos anteriores-, y después le dio distancia, tiempo y fiesta en su versión más templada y vertical, con profundos naturales, respondiendo bien el de Domingo Hernández, que duró poquito, pero tuvo su castita.Con un farol de rodillas recibió Ortega al quinto, para después soplarle una verónica y una media por el izquierdo de aquella manera, aunque el animal iba a su aire.
Y así fue hasta el final: hizo sonar el estribo en el puyazo, levantaba la cara en banderillas y con esa mala clase continuó todo lo que duró el trasteo.
Qué feo embestía el condenado.
Las manos de seda del trianero atemperaron algo la brusca acometida de Jienense, pero era malo el de Domingo Hernández, con el que terminó con un desplante tirando los chismes el entregado sevillano.
Si perfecta fue la estocada a su primero, de libro fue esta segunda.
Extraordinarias ejecuciones y colocación, lo que puso en sus manos otra oreja que le valía la Puerta Grande.Y, espoleado por la salida a hombros de su paisano, de hinojos con dos largas y un farol recibió Borja al cierraplaza, para seguir con unas despaciosas chicuelinas, ya en pie.
Tras el breve picotazo y la rápida lidia, comenzó Jiménez rezando, con mucho gusto y relajo.
Bajo los sones de Caridad del Guadalquivir construyó el torero una faena que orgulloso habría firmado el Juli, y levantó al público de sus asientos.
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