Traidores, en Catalunya y en España
Hoy visitan el área metropolitana de Barcelona Pedro Sánchez (en Gavà) y Alberto Núñez Feijóo (en Badalona). Y esta semana regresó, después de dos años de ausencia, Santiago Abascal, que recaló en Lleida , Tarragona y Barcelona. No es casualidad tanto paseo por Catalunya. Sánchez no estaría hoy en la Moncloa de no ser por los electores catalanes. Las cifras lo dicen todo: en 2023 el socialista obtuvo en esta comunidad nada menos que el 34% de los votos (19 escaños), pero lo más importante es la distancia que marcó respecto a Feijóo, que en Catalunya se quedó en el 13% (6 escaños). Reducir ese margen es el meollo que dirimirá las próximas elecciones generales. Y Sánchez no lo tiene fácil para mantenerlo: la Catalunya que le revalidó en la presidencia no es la misma que la de hoy.
Aquel resultado socialista de 2023 fue fruto del mensaje de normalización política del presidente. Calmar las aguas después de más de una década de conflicto político atrajo a muchos catalanes. Los indultos a los líderes del procé s eran su carta de presentación. En ese contexto, logró también los apoyos de ERC y Junts para repetir en la Moncloa a cambio de la ley de amnistía. Pero Catalunya ya ha pasado página de aquellos años convulsos (aunque el anhelo independentista no haya desaparecido). Salvo para los afectados, la amnistía no tira del voto. Incluso el PSC de Salvador Illa, que se benefició de aquel mensaje de reconciliación, empieza a acusar el agotamiento de ese discurso y la falta de otro atractivo que lo sustituya.
La resistencia de los jueces a aplicar la amnistía ha impedido que ésta llegara a tiempo para que Sánchez intentara una entente más sólida con Carles Puigdemont en esta legislatura. El Tribunal Constitucional la validará en cuestión de semanas y el ex president podrá regresar en octubre, pero difícilmente eso va a influir en un giro en las relaciones de Junts con el PSOE. El Gobierno ha sondeado las posibilidades de un acuerdo de presupuestos con la formación independentista, pero salvo que plantee poco menos que un pacto fiscal como el vasco o algo similar, Junts no le dará a Sánchez el aliento que necesitaría para aliviar este agónico final de mandato.
El efecto del regreso de Puigdemont se ciñe al escenario catalán. Junts ya ha explotado todo lo posible su llave en Madrid, pero donde se juega la supervivencia es en el Parlament. El ex president tendrá que decidir si acepta ser el jefe de la oposición en Catalunya o prefiere un rol institucional, no en primera línea. En este caso, las disputas internas en Junts están garantizadas. El primero permitiría a Illa y Puigdemont confrontar en el Parlament y dejar a un lado a Silvia Orriols. Pero es poco probable que el ex president elija este camino.
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