Una construcción diseñada para engañar
La picaresca no tiene límites.
Un tribunal italiano ha condenado a 28 meses de prisión a Franco Malosso, de 69 años, por construir y explotar durante años un falso teatro griego en una zona protegida del norte del país, cobrando hasta 40 euros por entrada a turistas convencidos de visitar ruinas de más de 2.000 años.
El llamado Anfiteatro de Berico, ubicado en las colinas de Arcugnano, cerca de Vicenza (región del Véneto), comenzó a funcionar en 2016 como supuesta joya arqueológica vinculada a Julio César, Cleopatra e incluso Shakespeare.
En realidad, era un montaje de 5.000 metros cuadrados levantado con maquinaria moderna, cemento, yeso, piedra tratada y poliestireno, con columnas, estatuas y hasta un estanque artificial para dar el toque clásico.
Algunas piezas fueron envejecidas artificialmente para simular el paso de los siglos, aunque el diseño en abanico recordaba más a un teatro romano que a un anfiteatro griego ovalado.Un vestigio arqueológico auténtico para obtener beneficio económicoMalosso, que se hacía llamar Franz Von Rosenfranz en los circuitos artístico, no solo vendía entradas: organizaba espectáculos, visitas guiadas y eventos en el recinto, mientras tejía una historia épica.
Aseguraba que el yacimiento había emergido tras un deslizamiento de tierra en 2005 y que databa del año 393 d.C., pese a que los griegos nunca colonizaron el norte de Italia.
Llegó a afirmar que Shakespeare lo visitó para inspirarse en Romeo y Julieta (cuya acción transcurre en Verona, no en Vicenza) y que Julio César también pasó por allí, ignorando que el general romano vivió cuatro siglos antes de la supuesta construcción.
Con esa picaresca, logró incluso el respaldo de autoridades locales, presentándose como filántropo, empresario y director de orquesta.Las primeras denuncias llegaron apenas un mes después del estreno del anfiteatro, pero los recursos de la defensa alargaron el caso durante años.
Finalmente, arqueólogos de los Carabinieri analizaron los materiales y confirmaron en un día que todo era falso: fibra de vidrio, columnas de papel maché, bloques con revestimiento y estatuas de yeso, típicos de construcciones de principios del siglo XXI.
Imágenes satelitales mostraron además que Malosso había nivelado una colina para edificar el recinto en una zona protegida, agravando los delitos urbanísticos y contra el patrimonio cultural.
Los jueces determinaron que la instalación se presentó como un vestigio arqueológico auténtico para obtener beneficio económico, condenando a Malosso a 28 meses de cárcel y ordenando la demolición del predio.
El caso, según Il Giornale Dell'Arte, recuerda que el patrimonio no está hecho solo de piedras, sino de método científico, documentación y responsabilidad pública.
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