El empeño de Magnific por conseguir que algo "hecho con IA" no signifique automáticamente "slop"
Un fantasma recorre las calles de todas las ciudades del mundo: el fantasma de la IA .
Caminando por Madrid, bastan apenas unos minutos para encontrar multitud de carteles generados con inteligencia artificial.
La mayoría son menús de bares y restaurantes que, durante años, se habían mantenido estáticos ante los elevados costes de sustitución.
Lo que un día suponía contratar a un diseñador e invertir altas cantidades de dinero en una carta hoy requiere un puñado de segundos .
La IA, así, ha tomado las calles a la fuerza.
Sucede que este drástico cambio en el paisaje urbano viene acompañado de un problema: todos los carteles son iguales.
Podemos elevar un sinfín de quejas ante el gremio de los diseñadores, pero no podemos negarles la virtud de la originalidad.
Más o menos acertados, sus carteles se diferenciaban los unos de los otros en función de la estética del establecimiento o de las preferencias del hostelero.
La IA ha arramplado con cualquier forma de distinción.
Las tonalidades doradas, las tipografías serpenteantes y cursivas, los contrastes agudos.
Todo luce exactamente igual .
Joaquín Cuenca, CEO de Magnific, la mayor empresa de IA española y una de las plataformas de IA más utilizadas en todo el mundo, no es ajeno a este problema.
Durante la presentación de Magnific One , la nueva herramienta lanzada hoy por la compañía , resaltaba la ubicuidad de "la estética IA".
Hay un subtono, un carácter, una forma de crear que permite reconocer las imágenes generadas por IA al instante.
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