BPCE, caballero blanco o caballo de Troya en el Sabadell
El Banco Sabadell y Banque Populaire Caisse d’Epargne (BPCE) sorprendieron al mercado hace 11 días con un acuerdo, por el cual el segundo grupo bancario francés comprará hasta el 9,9% de la entidad catalana, de la que ya tiene un 7%, y nombrará un consejero. La operación se ha presentado como la incorporación de un caballero blanco al accionariado del Sabadell, un socio que se suma a Zurich (5%) y Amundi (1,3%) para proteger la independencia del banco catalán, que ha sido amenazada por BBVA en 2020 y 2024, y quién sabe si no hay dos sin tres.
La trayectoria de Sabadell y BPCE no permite albergar un gran recorrido a este acuerdo, más allá de constituir un parking para el 10% del capital del banco catalán. Se trata de animales de especies diferentes. Sabadell es un banco mediano, que cotiza en Bolsa y con más de la mitad de sus acciones en manos de pequeños inversores, muchos clientes del banco, que son los que lo salvaron de acabar en la barriga de BBVA. En cambio, el socio francés es el resultado de la integración de 14 cooperativas de crédito (Banque Populaire) y 15 cajas de ahorros (Caisse d’Epargne), no cotiza en Bolsa y su capital está en manos de 9,6 millones de cooperativistas. Es un híbrido de Ibercaja y Laboral Kutxa.
Además, ambas entidades están manejadas por liderazgos en momentos diferentes. Josep Oliu (77 años), de vuelta de todo, y Nicolas Namias (50 años), con ganas de comerse el mundo. Oliu es la persona clave en el banco catalán, el autor de su transformación desde banco comarcal a cuarto de España, que ha peleado lo indecible para que su legado no acabara irreconocible en BBVA. El problema es que estas peleas suelen dejar desfondado hasta al ganador. En cambio, BPCE está en el momento más ambicioso de su historia.
Nicolas Namias, un ejecutivo con una trayectoria que mezcla política y empresa, está al frente del grupo desde finales de 2022. No habían pasado dos años y presentó su proyecto Visión 2030, en el que expresa su objetivo de construir posiciones de liderazgo en Francia y Europa, y enseguida lo aterrizó. En 2025, BPCE compró por sorpresa el cuarto banco portugués, Novo Banco, por 6.500 millones de euros. Namias, que no tiene la presión de cotizar en Bolsa, ha dejado claro que no es un teórico, que él compra mientras otros cuestionan la creación de valor en las adquisiciones transfronterizas.
Este conglomerado francés, que aún tiene mucho trabajo interno, ya que sus bancos populares y las cajas de ahorros trabajan con plataformas tecnológicas diferentes, tiene vocación de liderazgo, de accionista de control, como ha demostrado en Portugal. ¿Encaja en la idea del consejo del Sabadell, o solo le ha abierto paso por miedo a otros? El desacople de intereses hace que fracasen estas alianzas con tomas minoritarias de capital. En el fondo, el comprador quiere el control y confía en que lo puede cortejar desde una pequeña porción del capital y un puesto en el consejo, con la esperanza de que del roce llegue el cariño y caiga en sus redes.
El Sabadell tiene experiencia sobrada en alianzas de este tipo que terminan en nada porque el socio realmente aspiraba a absorberlo.
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