La segunda conquista de México
Cada 12 de octubre, España y México vuelven a encontrarse en ese territorio incómodo y fascinante que es la historia.
Se habla de conquistas, de imperios y de agravios.
Pero hubo otra conquista, mucho más discreta, que no necesitó soldados ni arcabuces.
Bastaron un puñado de comerciantes y ese oro líquido, pálido y salino, que en Sanlúcar de Barrameda llaman manzanilla.
En 1827, unas botas de roble de la casa Barbadillo embarcaron en Sanlúcar rumbo a Filadelfia.
Pero aquella historia americana había empezado mucho antes y bastante más al sur.
En México.Benigno Barbadillo y Hortigüela nació en Covarrubias, Burgos, a finales del siglo XVIII, pero fue en México donde aprendió a mirar el Atlántico como una oportunidad.
Allí prosperaba su pariente Tomás Barbadillo Subiñas, dueño de una considerable fortuna.
En 1821 México alcanzó su independencia y el joven Benigno regresó a España.
No se dirigió a su Castilla natal.
Eligió Sanlúcar, frente a la desembocadura del Guadalquivir, donde durante siglos habían partido los barcos hacia las Indias.
Allí adquirió bodegas y emprendió una aventura que terminaría convirtiendo su apellido en sinónimo de manzanilla.
Hay algo hermoso en esa paradoja: el dinero ganado en México sirvió para levantar en Andalucía una casa vinatera que acabaría devolviendo a América, transformada en vino, parte de aquella fortuna.Fue una conquista de ida y vuelta.
Sin vencedores ni vencidos.
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