La agresión de Osorio a Huijsen merecía más repeticiones
Nos hemos acostumbrado en el fútbol actual a que haya jugadas que necesiten cinco repeticiones, tres líneas, un máster en geometría y una reunión de expertos para decidir si es legal o no.
Lo aceptamos ya como parte del juego.
Lo que cuesta más aceptar es que las acciones que se ven, o se deberían ver, a la primera, como la agresión de Osorio a Huijsen, no se penalicen.
No tiene justificación lo que sucedió en Elche.
Fue un codazo tremendo y deliberado, de roja directa, que pasó casi de puntillas por el partido porque apenas se repitió y porque para los árbitros fue un lance del juego.
Gil Manzano no lo vio sobre el césped y, más sorprendente todavía, nadie desde el VAR (Martín González) consideró oportuno invitarle a echar un vistazo al monitor.
Debían estar con otra cosa.
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