La pirotecnia en Galicia resiste a las cancelaciones masivas del resto de España
La pirotecnia es un sector siempre acompañado por la polémica.
El pasado lunes 17 de agosto, la Asociación Española de la Pirotecnia (AEPIRO) emitió un comunicado en el que denunciaba la «asfixia» ante el «veto» al uso de la pirotecnia en Andalucía, Aragón, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Extremadura.
En Galicia, por ahora, la situación «no tiene nada que ver», según Santiago López, presidente de la Asociación Gallega de Pirotecnia (AGAPI) y vicepresidente de AEPIRO.
El panorama tampoco se parece al vivido el año pasado, cuando las suspensiones fueron mucho más numerosas.«En Andalucía, cuando hay una ola de incendios parece que prohibir la pirotecnia soluciona los problemas», subraya López, una falsa creencia que contradicen los datos oficiales.
La Estadística General de Incendios Forestales (EGIF) del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico (MITECO) apunta que los fuegos artificiales solo han sido causa del 0,049% de toda la superficie forestal quemada en España entre 2015 y 2023.
El porcentaje queda a gran distancia de la intencionalidad y los rayos, que concentran juntos más de dos tercios del total, y de causas cotidianas como colillas, averías de vehículos, tendidos eléctricos o quemas agrícolas.El tejido empresarial artificiero destaca por su dimensión reducida y por concentrar la mayor parte de su actividad durante el verano.
De los meses de junio, julio, agosto y septiembre depende alrededor del 80% de los ingresos de los talleres pirotécnicos. «Somos microempresas, vamos justos de por sí, por lo que si nos retiras una parte importante de la facturación, la continuidad del negocio se ve seriamente comprometida», asegura el presidente de AGAPI, una afirmación que suscriben varias empresas del sector consultadas por ABC, cuyas familias dependen de la estabilidad de sus establecimientos. «Si llega el día del disparo y se cancela después de tener todo el material y el montaje listos, el perjuicio económico es muy importante», agrega López.
Ante estas suspensiones de última hora, las empresas asumen en muchas ocasiones el golpe en solitario y sin cobertura aseguradora. «La mayoría de nuestros clientes son personas que llevan muchísimos años con nosotros; no suspenden por gusto, sino obligados por las circunstancias, sobre todo en el caso de comisiones de fiestas o particulares», explica el portavoz gallego, quien precisa que «con los ayuntamientos sí existe un marco contractual y unos procedimientos que se deben respetar».El acopio de equipamiento requiere una planificación anual, lo que agrava todavía más las pérdidas imprevistas.
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