El cadáver robado de Mussolini y el misterio que sacudió a la Italia de posguerra
La muerte de Mussolini no puso fin de inmediato a su presencia en la vida política italiana.
Incluso después de ser ejecutado, su figura continuó generando tensión, simbolismo y enfrentamientos en un país que intentaba reconstruirse.
Mussolini había sido ejecutado el 28 de abril de 1945, cuando el régimen fascista italiano se encontraba definitivamente derrotado y las tropas aliadas avanzaban sobre el país.
Un día después, su cuerpo y el de Clara Petacci fueron expuestos públicamente en la plaza de Loreto de Milán.
Las imágenes de los cadáveres se convirtieron rápidamente en uno de los símbolos más crudos del final del fascismo.
Tras la exposición y la autopsia, Mussolini fue enterrado en secreto en una tumba sin nombre del Cementerio Mayor de Milán, conocido popularmente como Musocco.
Las autoridades buscaban evitar que el lugar se transformara en punto de peregrinación para los nostálgicos del régimen.
Un cadáver desaparece de madrugada Durante la noche del 22 al 23 de abril de 1946, casi un año después de la muerte del dictador, varios militantes neofascistas consiguieron localizar la sepultura y sacar los restos.
Al frente del grupo estaba Domenico Leccisi, un joven activista vinculado al neofascismo italiano.
Junto a otros colaboradores protagonizó un robo que parecía más propio de una novela que de la convulsa realidad política de la posguerra.
El cadáver del antiguo dictador había desaparecido.
La noticia ocupó las primeras páginas de la prensa y puso en marcha una intensa investigación policial.
El momento tampoco podía ser más delicado.
Italia intentaba construir un nuevo sistema democrático mientras todavía convivía con las heridas abiertas de la dictadura, la ocupación alemana y la guerra.
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