Junts, el difícil equilibrio entre marcar distancias con Orriols sin renunciar a sus postulados
Jordi Turull ha elevado este martes en la Universitat Catalana d'Estiu (UCE) el tono de las advertencias contra Aliança Catalana, en una intervención que confirma, al menos en lo discursivo, el giro emprendido por Junts para marcar distancias con la formación de Sílvia Orriols sin renunciar, al mismo tiempo, a parte de los debates que han permitido a la extrema derecha independentista ganar terreno entre antiguos votantes del espacio soberanista.Un día después de que el presidente del Parlament, Josep Rull, alertara también contra los «planteamientos etnicistas», el secretario general de Junts ha reivindicado un catalanismo de carácter integrador frente a la tentación de convertir la identidad y la inmigración en el eje de la política independentista. «La nación catalana no ha progresado nunca desde el odio», ha advertido, antes de defender que, «digan lo que digan las encuestas», Junts sigue apostando por «los valores del catalanismo».El mensaje supone una toma de distancia explícita respecto al discurso de Orriols, pero también revela el difícil equilibrio en el que se mueve Junts.
Aliança Catalana ha conseguido ocupar un espacio que durante años perteneció a los partidos independentistas tradicionales: el del voto catalanista descontento, especialmente sensible a la inmigración, la inseguridad y la percepción de pérdida de identidad.Junts trata ahora de evitar que ese malestar se traduzca en una sangría electoral hacia la extrema derecha independentista, algo especialmente alarmante con las elecciones locales a la vista.
La fórmula pasa por separar el diagnóstico de la respuesta: asumir que existen problemas relacionados con la inmigración, la lengua, la integración o la cohesión social, pero rechazar que puedan resolverse mediante un discurso de exclusión.Turull lo ha expresado desde una perspectiva estrictamente independentista.
La extrema derecha, ha advertido, «no hará más que alejarnos de la República», porque cuando se transmite a una parte de la población que «no se la quiere por ser diferente», esta «se sentirá excluida».
Y esos ciudadanos, ha añadido, son «necesarios para ser mayoría».
El argumento entronca con una de las grandes dificultades estratégicas del independentismo: cómo ampliar su base social en una Cataluña mucho más diversa que la de hace una década.«El verdadero enfrentamiento es con el Estado», ha insistido Turull.
Una forma de recolocar el eje del conflicto y recordar a sus bases que el adversario prioritario continúa siendo el Estado español, frente a la posibilidad de que el debate identitario termine desplazando al independentismo hacia una competición interna con Aliança Catalana.La intervención de Turull se produce, además, en un momento que el propio dirigente de Junts ha descrito en términos pesimistas.
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