La búsqueda sin fin de la fosa de Lorca
La búsqueda de fosas de la Guerra Civil nunca es un ejercicio sencillo.
Entre 2006 y 2008 participé en la localización y excavación de varias de ellas, dispersas en terrenos agrícolas sin marcas visibles, borradas por décadas de labranza, vegetación y olvido.
En una ocasión, tardamos meses en encontrar una donde los familiares llevaban más de diez años depositando flores y, al final, se encontraba cincuenta metros más allá de ese punto.
Aquella experiencia nos enseñó una lección decisiva: antes de abrir tierra, hay que reconstruir el paisaje y depurar las fuentes.En 2009 seguí con expectación la búsqueda de la fosa más célebre de la Guerra Civil : la de Federico García Lorca .
La arqueología fue concluyente: en el lugar señalado por Agustín Penón, a partir del testimonio de 'Manolillo el Comunista', no había nada.
Por eso acepté, sin dudar, la invitación del investigador Miguel Caballero, quien proponía otro emplazamiento basado en las fuentes del periodista Eduardo Molina Fajardo y en nueva documentación: la cabecera de un antiguo campo de instrucción militar entre Víznar y Alfacar, parcialmente transformado en los años 80 para construir un campo de fútbol.Caballero sostenía que aquella cabecera no había sido alterada desde la Guerra Civil .
Si la fosa estaba allí, la encontraríamos.
Contábamos con un equipo experimentado y con el apoyo de Francisco García, catedrático de Geofísica, que aportó georradares de última generación.
En 2013, tras recibir el encargo de la Junta de Andalucía, realizamos la primera campaña de prospección en la zona occidental de la plataforma de tierra.
De nuevo, la arqueología fue tajante: allí tampoco había nada.Cuando todas las opciones parecían agotadas, un testimonio inesperado reabrió el caso.
El general jurídico en la reserva Fernando Nestares, hijo del capitán que mandaba la tropa acantonada en Víznar, visitó el lugar y aseguró que, en 1977, tres guardias de asalto que habían servido bajo las órdenes de su padre le señalaron el punto donde, según ellos, fueron ejecutados y enterrados Lorca y sus compañeros: un antiguo pozo, a unos 25 metros de la carretera.
Las indicaciones de Nestares situaban la posible fosa dentro de la plataforma de tierra.
El georradar detectó una anomalía, aunque demasiado superficial.
Aprovechando la presencia de una pala excavadora de la Junta, abrimos un sondeo mecánico hasta alcanzar la cota de la señal.
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