Orriols es 'hija' de Sánchez e Illa
La amnistía y la política de pactos de los socialistas con Junts y ERC solo ha conseguido que el nacionalismo mute en su versión más dura y peligrosa con Aliança
El socialista Salvador Illa ll egó a la Generalitat en 2024 prometiendo la «normalización» de Cataluña y el fin del procés . Sin importarle las acusaciones de sucursalista, el líder del PSC presentó la recuperación del poder institucional después de quince años ininterrumpidos de gobiernos nacionalistas como una parte vital del proyecto plurinacional de Pedro Sánchez para España. Los dos iban de la mano: la «pacificación» de Cataluña mediante el indulto, la amnistía, la nueva financiación y la continuidad del poder cultural nacionalista -en la escuela, en los medios de comunicación y en la universidad- eran las concesiones para consolidar la alianza con los partidos separatistas, conservar La Moncloa y avanzar hacia una reforma confederal del Estado autonómico. En esa oferta también estaba la desactivación de todo el constitucionalismo cívico y sus asociaciones en Cataluña.
Inicialmente, este guión, en el que Illa reemplazaba al nacionalismo -no lo combatía-, sedujo a las elites catalanas, las más sanchistas entre las sanchistas (por interés económico, además de por impostura woke y odio al PP), pero la inesperada irrupción y ascenso de Aliança Catalana -que el PSC promocionó para desactivar a Junts en un claro error de cálculo-, con todos los sondeos vaticinando que devolverá la mayoría absoluta al independentismo, ha reventado la hoja de ruta de Illa.
Si bien Aliança es aplaudida por una derecha madrileña que, en su obsesión por desalojar a Sánchez del poder, sólo ve en ella la manera de debilitarlo en Cataluña, y que además escucha con fascinación y envidia un discurso contra los musulmanes que ni Vox se atreve a articular, la formación de Sílvia Orriols representa a medio plazo una nueva amenaza catalana para la democracia en España.
Una amenaza más seria de la que podría suponer la hipotética recuperación electoral de Junts y ERC , porque Aliança está logrando con su narrativa antiinmigración romper la división de bloques identitarios -independentistas o españoles- que caracteriza a la política catalana. Ya ha empezado a atraer a ciudadanos que rechazan la sedición, y cuyas posiciones ideológicas incluso están más cerca de PP, Vox o PSC, pero que ven en este partido la manera de poner orden en las calles y acabar con la llegada de extranjeros. Sin entender todavía que la misma lógica que niega a los inmigrantes el derecho a ser ciudadanos catalanes se les puede aplicar a ellos algún día «por colonos españoles».
Aliança sí es plenamente consciente de que disfruta de ese voto «prestado», que algunos sondeos sitúan en un 30%, y que lo necesita para entrar en las áreas metropolitanas de Barcelona y Tarragona. El objetivo en el que siempre fracasaron Junts y ERC.
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