El POM de Toledo y el diablo de los números
Isabel de Valois, esposa de Felipe II, no amaba Toledo.
Detestaba sus estrecheces, su clima árido y sus cuestas, y esa antipatía sumada al castigo por ciudad comunera convenció al rey de trasladar la corte a un poblachón cercano, Madrit.
Madrid, libre del poder eclesiástico, prosperó y Toledo languideció hasta mediados del siglo XX, cuando se soltó del aprisionamiento de sus murallas y explotó sin medida por sus meandros, vegas y cigarrales.
Ahí sigue el municipio, macilento, en los mismos problemas: seguir devorando territorio con bulimia desmedida.El tercer intento de Plan de Ordenación Municipal (POM) acaba de iniciar su tramitación ambiental y ya tiene el primer informe vinculante de la burocracia urbanística autonómica: un documento que confirma que es más fácil decir cómo hacer que hacer.
En su primer párrafo corrige el modelo de ciudad al reducir las 17.000 viviendas previstas a 7.000, para adaptar el POM a la racionalidad del crecimiento previsto: 16.080 habitantes en los próximos quince años.
Aconseja con criterio: «más regeneración urbana y evitar añadir nuevos y distantes sectores de suelo urbanizable».
El POM, bastardo del anulado de 2007, proyecta, sin embargo, ocupar 1.000 hectáreas —algo así como el tamaño de cinco cascos históricos—, 10 millones de metros cuadrados de suelo, con 17.000 viviendas: 17 viviendas por hectárea, 600 metros cuadrados de suelo urbano a mantener por vivienda.
Imagínese que cada mañana tuviera que ocuparse de la limpieza, el cuidado y el mantenimiento de una superficie de ciudad equivalente a un campo de fútbol sala.
Esa es la densidad que propone el POM: esteparia, innecesaria e insostenible frente, por ejemplo, al extremo opuesto de compacidad de las 125 viviendas por hectárea de la almendra central de Madrid.El informe, tras cuestionar el modelo de ciudad —presentado con la imprudencia de un tercio de las viviendas en zonas inundables—, pasa de auditor a planificador: propone nuevas ubicaciones para el suelo industrial en Azucaica, lo que permitiría dar sentido a la desaprovechada autovía AP-41 y alternativas para el recinto ferial de La Peraleda, que traslada a otros barrios, incluido el Barrio Avanzado, hasta ahora estigmatizado como suelo inútil por la presencia de amianto.
Debe de ser que el amianto se inactiva los días de feria.
Quizás el problema no sea tanto el lugar del ferial como el modelo de celebración: contaminante en lo que se oye, se respira y se ve, polvorienta y ajada.Volviendo al asunto fundamental, el modelo urbano, comparémonos con nuestro alter ego madrileño.
Su centro, dentro de la muralla de la M-30, mide lo mismo que el Toledo urbano planeado en este POM: 4.000 hectáreas, tiene las mismas distancias entre sus extremos cardinales.
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