“Lo importante en magia no pasa en mis manos sino en su cerebro”
Emoción, memoria, atención, ilusión... Aprendizaje. Ignasi Stigman empieza por preguntar cómo se llaman a todos los voluntarios que participan en sus trucos y a veces son más de una docena. Al oír su nombre se emocionan y son más fáciles de manipular. Un buen líder también recuerda los de su grupo, aunque sean cientos. El truco (además de tener ayudantes con listas) es vincular cada uno nuevo de inmediato con el recuerdo de alguien que se llame igual. Es tejer en el “gran telar de la memoria”aristotélico cada nuevo nombre, que formará así nuestra memoria social. Otro descubrimiento de Stigman es la imposibilidad de la multitarea. Nuestra atención es indivisible y si alguien la consigue, más vale que sea un buen mago que un mal líder, porque la tendrá toda. Recuérdelo cuando conduzca y suene su móvil.
Estoy dividiendo su atención. En realidad, la atención humana no se puede dividir, así que no mire el móvil jamás conduciendo. Puede alternarla, pero no dividirla y los magos jugamos con ella.
¿Y ahora me robará el postre? Le voy a dejar sin dinero para pagarlo. Deme una moneda.
Siempre me aprendo los nombres de los voluntarios para un truco. Todos los magos lo hacemos. Así distraemos, porque oír su nombre le gusta. Y voy a crear una ilusión de imposibilidad: voy a hacer desaparecer la moneda ante usted.
Usted mismo, Lluís. Mire, ahora tapo la moneda con esta Contra , la de hoy...
No se preocupe. Voy sobrado de pasta... ¿Lo ve? Le he hecho sonreír. ¡Ahora es el momento de arriesgar en el truco!
Autoconfianza. Debo de ir sobrado de ella. No hay buen mago que dude. Y si duda siempre es una duda fingida para distraer. ¿No ve dónde está la moneda y el vaso?
Lo sabrá al acabar la entrevista. Si lo adivina antes, pago yo cafés y cruasán.
Nuestra deontología lo prohíbe, pero estos son tan facilitos que no hay problema. El primero que me dejó con la boca abierta y que me hacía mi padre. Escriba un número de tres cifras en la calculadora del móvil.
Bueno, como tengo prisa vamos al grano. En vez de adivinar el número, le enseñaré el truco para adivinarlo; podrá vacilar al cuñado.
Pues ahora le pido que multiplique ese número, que yo no sabría y solo sabría usted, por 9 y dígame cuántos dígitos le salen (usted diría “cuatro” si es que sabe sumar).
Le saldría 2.925 y yo no lo sabría. Y le pediría que de esos cuatro dígitos solo me dijera tres. Supongamos que usted me dijera el 2, el 9 y el 2. Si los sumara, me daría 13. Como el múltiplo de 9 más próximo a 13 es 18, le restaría 13 a 18 y me saldría 5, que es el único número que no me ha dicho. Y todos alucinarían.
Solo es matemagia . Al principio, disfrutaba mucho dando el espectáculo de la magia, pero, poco a poco, me di cuenta de que me gusta más aprender y enseñar mates y psicología con los trucos. ¿Sabe que en exactas hay una asignatura de matemáticas recreativas?
En realidad, hay magos muy torpes, porque lo importante en magia no pasa en mis manos sino en el cerebro del espectador. ¿Lluís: lleva usted un billete?
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