Rosa Montero, cuento de la mujer insignificante
Diez años después de haber publicado 'La carne' (2016) vuelve Rosa Montero a una fábula de superación de una mujer a una edad, rebasados los sesenta, en que la sociedad, sobre todo si no has tenido hijos (el caso de sus protagonistas), te ha descontado.
Soledad, la protagonista de 'La carne', vivió el caso de verse desplazada, de saber que comienza a ser perdedora en el mundo del arte.
No es el caso de Clarita, la protagonista de esta nueva novela, que no es ni siquiera descontada porque nunca contó para nadie .
Narrativa 'Un día en la vida de Clarita' Autora Rosa Montero Editorial Alfaguara Año 2026 Páginas 137 Precio 19,90 euros Valoración ****Clarita, empleada de un banco mediano de ilustres familias, el mismo día de su jubilación, cuando cumple sesenta y cinco años, vive una historia increíble, como les ocurre en los cuentos al sastrecillo valiente y a Pulgarcito, cuando la trama los transforma.
Es la historia clásica de los cuentos que Claude Bremond, siguiendo a Propp , llamó de 'amelioramiento', de mejora.
Cuentos infantiles hechos para que el niño (siempre el menor, o el más débil) crezca y se convierta en el héroe que nadie esperaba que fuese.
Para que tal cosa ocurra Rosa Montero ha dejado clara la característica central en la psicología de Clarita: se siente una invisible (tal es el término que la narración elige).
Invisible, insignificante, insustancial, da igual como se diga, lo importante es el prefijo negativo de quien se ha pasado la vida sin ser vista, y quien ha programado el día último de su trabajo en el banco para lograr que nadie se fije en ella.En ese banco, que por momento semeja el castillo de un cuento (incluso en un momento de la narración, cuando llega al final, tiene atributos de aventura en la defensa del castillo), Clarita tiene delante el destino, que la obliga a actuar, y vaya que si actúa, se crece de modo inesperado, y por encima de toda previsión hasta alcanzar una salida que el crítico no debe revelar.
Para que la novela funcione, como novela corta que es, al igual que los cuentos, es importante el ritmo, que pueda ser leído de una sola vez, y que la tensión vaya 'in crescendo'.
Y aquí tenemos a Rosa Montero entregada a una trama, que la segunda parte de la novela convierte en acción trepidante.
Como si Clarita fuese una James Bond habilidosa y valiente en el trance de ser vencida varias veces, y finalmente triunfadora.
Como ocurre a los buenos cuentos todo debe quedar muy claro, los buenos son buenos (Clarita y únicamente Yolanda, la inmigrante colombiana que trabaja en la misma planta); los demás son malos y serviles.
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