José María Lassalle: «Para mucha gente de la derecha la cultura es algo incómodo»
En apenas tres años, pasó de profesor universitario a articulista de ABC, diputado y miembro del núcleo de confianza de Rajoy.
Luego, en 2011, sería el hombre fuerte de la política cultural del Gobierno desde la Secretaría de Estado. «Estuve siete años en contacto con el poder siendo parte del Gobierno.
Ya he entendido lo que es el poder empíricamente, así que vuelvo a la reflexión teórica, que es mucho más agradable», dice al otro lado del teléfono José María Lassalle.
Madrid le abrió las puertas a una velocidad que todavía hoy le resulta difícil atribuir solo a sus méritos.
Con el tiempo, admite, ha comprendido que una trayectoria así no se explica solo por los méritos propios, sino por haber encajado, en el momento adecuado, en las necesidades del poder: «Uno va comprendiendo que una biografía es más el producto de otros que de uno mismo».
Fuera de la política desde 2018, se ha propuesto recuperar su experiencia con la publicación de sus diarios.
Serán tres volúmenes, hasta 2016.
El primero de ellos, el que publica ahora, 'Diarios I (2001-2006)' (Taurus) recoge cómo fue su ascenso desde la vida académica de Santander a la corte de Madrid, en aquellos años procelosos del 11-S y la guerra de Irak. —Su postura sobre la guerra de Irak contravenía la opinión de Gregorio Peces-Barba, que fue su rector en la Universidad Carlos III.
Cuenta que aquello lo dejó en una situación muy incómoda. —Mi vida académica dependía de la voluntad de mi rector, que en ese momento se convirtió en alguien con quien yo polemizaba casi de manera directa.
Quien conoce la vida universitaria sabe lo que representa eso.
El clientelismo todavía sigue siendo una parte vertebradora del quehacer universitario.«El clientelismo todavía sigue siendo una parte vertebradora del quehacer universitario»—En esos años de los diarios empezó a trabajar en el Ministerio de Cultura, donde estudió la evolución de las políticas culturales en España. ¿Qué conclusión sacó? —La política cultural no ha cambiado desde que la puso en marcha Manuel Fraga cuando era ministro de Información y Turismo.
Él construyó la idea de la marca España.
La democracia abordó una democratización de ese diseño.
Después, la Constitución planteó fragmentar el ejercicio de esa actividad, colocando al Estado a la misma altura que las comunidades autónomas y los ayuntamientos en la gestión de la política cultural.
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