La era de la crueldad
Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que la burla del débil, la ofensa al enfermo o la humillación del desvalido quedaban excluidas del lenguaje democrático y el único espacio para estos discursos eran los rincones menos recomendables de la esfera política y mediática.
No hace falta idealizar el pasado para recordar que a principios de este siglo un presidente de Estados Unidos del Partido Republicano como George W.
Bush propugnaba un “conservadurismo compasivo” , porque consideraba que los valores de la derecha que él representaba no estaban en absoluto reñidos con la ayuda a los desfavorecidos o la escucha de los demás.
Su sucesor, Barack Obama, defendía que el “déficit de empatía” era un problema más grave que el déficit presupuestario, y propugnaba el esfuerzo mental de “ponerse en los zapatos del otro” y “ver el mundo con sus ojos”.
Todas estas buenas intenciones eran tal vez ingenuas, pero al menos mostraban una voluntad de decencia y ejemplaridad.
Saltaron por los aires cuando Donald Trump irrumpió hace una década en la escena electoral llamando “violadores” a los inmigrantes mexicanos , gesticulando en un mitin para imitar a un periodista discapacitado o despreciando el historial bélico de alguien como John McCain, prisionero durante más de cinco años en Vietnam y considerado un héroe en su partido y su país.
Ahí no había empatía ni compasión.
Y solo era el principio.
Seguir leyendo
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en elpais.com — el contenido pertenece a El País.