La CDU del canciller Merz se queda fuera de un Parlamento regional por primera vez en su historia
El partido democristiano no alcanza el 5% necesario en el 'Land' de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde ganó la ultraderecha (AfD), mientras en Berlín gobernarán los poscomunistas (Die Linke)
La profecía de Alice Weidel empieza a cumplirse. Tras la victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt, la dirigente ultraderechista vaticinó que la Unión Cristianodemócrata (CDU) no volvería a ganar unas elecciones federales. Dos semanas después, el presagio ha encontrado su primer eco regional: la CDU ha perdido Berlín , ha desaparecido del Parlamento de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y encadena tres derrotas que convierten cada cita con las urnas en un plebiscito sobre el canciller.
Las elecciones de este domingo revelan algo más profundo que el desgaste de Merz: la descomposición del sistema de los antiguos grandes partidos . La CDU retrocede 8,2 puntos en Berlín y cerca de ocho en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde queda reducida al 4,9% y obtiene el peor resultado regional de su historia. Al no superar el umbral electoral, será además la primera vez desde la fundación de la República Federal que queda fuera de un Parlamento regional.
El Partido Socialdemócrata (SPD), su socio en el Gobierno federal, cae en Berlín 6,4 puntos, hasta el 12%, su peor resultado histórico en la capital , y pierde unos cuatro puntos y la primera posición en Mecklemburgo-Pomerania Occidental.
Los dos partidos de la coalición encontraron atenuantes en sus candidatos berlineses, dos segundos espadas obligados a librar campañas especialmente difíciles. El democristiano Stefan Evers asumió la candidatura apenas dos meses antes de las elecciones, tras la retirada forzosa del alcalde-gobernador Kai Wegner, desacreditado por sus falsas explicaciones sobre el partido de tenis que disputó durante el gran apagón de Berlín. El socialdemócrata Steffen Krach, todavía un desconocido para muchos votantes tras cinco años al frente de la región de Hannover, llegó además a las urnas salpicado por una investigación judicial conocida 11 días antes de las elecciones .
AfD se impone en Mecklemburgo con alrededor del 37%, después de haber rozado la mayoría absoluta en Sajonia-Anhalt. Pero ganar no significa gobernar: ningún partido está dispuesto a pactar con la formación ultraderechista y lo más probable es que Manuela Schwesig continúe al frente del estado si consigue articular una mayoría alternativa. Die Linke, en cambio, gana en Berlín con cerca del 25% y Elif Eralp sí podría encabezar una coalición con Verdes y socialdemócratas. Las urnas no modifican la composición del Bundestag, pero reflejan una realidad: la creciente fragmentación política del país y la dificultad cada vez mayor para formar mayorías. La CDU excluye cualquier cooperación tanto con AfD como con Die Linke, pero los dos partidos situados al otro lado de su cordón sanitario han ganado las elecciones.
Alice Weidel se apresuró a apropiarse del resultado. «Los electores quieren un cambio político», afirmó la copresidenta de AfD, que proclamó a su formación como «el nuevo partido popular» de Alemania y aseguró que ha llegado «al centro de la sociedad».
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