Cuatro décadas al servicio de Sevilla: «Mi padre me dijo que me quedara en el Ayuntamiento, que esto era el porvenir»
Para que una ciudad como Sevilla funcione, necesita de una legión de empleados municipales que hagan de su servicio público un beneficio para todos.
Nadie mejor que ellos conoce sus calles, colegios, barrios y edificios municipales para hacer una radiografía de cómo ha cambiado la capital hispalense en los últimos años.
Empleados municipales que han dedicado cuatro décadas de sus vidas a tareas como atender a familias vulnerables, conservar edificios públicos, cuidar jardines o intervenir en situaciones de emergencia.
Y claro, como cuarenta años no son pocos, el Ayuntamiento decidió reconocerles en un evento en el que entregó diploma y obsequio a quienes han tenido una vida laboral dedicada al servicio público.Una de las homenajeadas, y encargada de pronunciar el discurso en el acto de reconocimiento, es Reyes Casares, jefa de sección de Familia, Menores y Relaciones Institucionales.
Reyes empezó a trabajar en los servicios sociales municipales en 1987, y en casi 40 años le ha dado tiempo a observar cómo ha crecido un área tan importante como esta. «Fui la quinta que entró en servicios sociales, y ahora somos 500», recuerda.
Casares, psicóloga de formación, llegó procedente de la Junta de Andalucía porque «buscaba algo más cercano», encontrando su vocación en la atención a familias vulnerables y menores en riesgo. «Yo siempre he querido hacer una función pública para la gente», explica.
Una labor que, reconoce, también tiene momentos especialmente duros, sobre todo cuando hay menores que necesitan protección o familias que atraviesan circunstancias difíciles. «He vivido cómo una niña de 13 años me pedía que la alejasen de su madre, por el trato que recibía», recuerda con melancolía.
También rememora lo complicada que fue su labor en la pandemia, con claras víctimas que aún pagan sus consecuencias. «Ha tenido consecuencias muy nefastas en la salud mental, había mucha gente en viviendas muy pequeñas, donde había ya dificultades, y entonces se añadieron muchas más», asevera.«He vivido cómo una niña de 13 años me pedía que la alejasen de su madre, por el trato que recibía» Raquel Casares Ex jefa de sección de Familia, Menores y Relaciones InstitucionalesAquella experiencia le dejó también una preocupación por las consecuencias del aislamiento sobre los adolescentes y por problemas como las autolesiones y el ciberacoso.
Eso sí, pese a las dificultades, su vocación por ayudar le invita a seguir en activo. «Yo hubiera seguido trabajando, sinceramente», admite sobre una jubilación que no impide que continúe ejerciendo como psicóloga en un gabinete propio.Francisco Carmona también se subió al escenario a recoger su diploma.
Él comenzó en 1982 y recuerda unos primeros años en los que las condiciones laborales distaban mucho de las actuales.
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