Lo que la tecnología nos puede robar
Llevamos ya unos cuantos días escuchando y comentando en los corrillos y bares patrios lo de que la IA podía matarnos a todos en menos de diez años.
No pasa nada, los jinetes de la bajona llevan años anunciando la desaparición del mundo casi tanto tiempo como la ruptura de España.
Y aquí siguen los dos, el mundo y España, tan panchos.
Quién sabe si la tecnología nos matará a todos, si esto será como Terminator o Matrix.
La verdad es que no lo sabe nadie, y mientras el mundo se acaba o no, pues al menos tendremos unas cuantas pelis buenas sobre el tema.
Lo que sí que está pasando ahora mismo es una cosa mucho menos apocalíptica pero no por ello menos grave.
La tecnología nos puede robar nuestro mayor tesoro, eso que nos hace volar sin tener alas, eso que convierte un trozo de tela en el Guernica: la imaginación.
Hay una escena de Mad Men que lo explica muy bien.
Peggy, una secretaria que gracias a su talento consigue ser la única mujer del departamento creativo de la agencia, tiene que ponerse a trabajar por primera vez en una campaña publicitaria.
Está nerviosa, como es normal, demasiada presión, demasiadas ganas de que no sepa hacerlo para que vuelva a poner cafés que es donde la mayoría cree que pertenece.
Don Draper, su jefe, un director creativo brillante, complejo y más tóxico que Chernobyl en el 86, le dice que no se obsesione.
Le aconseja que trabaje en ello y que la idea aparecerá en un momento inesperado, cuando esté relajada, cuando no la esté buscando.
No es casualidad que nos vengan buenas ideas cuando estamos en la ducha, o dando un paseo.
Es en esos momentos de calma cuando nuestro cerebro deja de estar en modo supervivencia y comienza a unir los cachos de todo lo que hemos visto, vivido, escuchado y sentido para regalarnos ideas y soluciones a nuestros problemas.
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