Esclavos, criptomonedas y guerrillas: el rentable negocio de los 'scam centers' alcanza ya seis continentes
Un muro de hormigón rematado con alambradas y flanqueado por cámaras de seguridad alberga un complejo de edificios cerca de Walay, en el Estado birmano de Karen , a escasos metros de Tailandia. Aunque la entrada la protegen guerrilleros armados con AKs, que escuchan impasibles el bombardeo de artillería de la guerra civil que asola el país , el lugar no esconde una base militar. Dentro hay un negocio millonario sostenido por esclavos, criptomonedas y estafas online . Una industria que lleva décadas prosperando en Asia, pero que "se extiende rápido por todo el mundo y en países que no tienen herramientas para combatirlo", afirma Richard Horsey, investigador de International Crisis Group , a El Confidencial.
"Los guardias son de una guerrilla rival que ha pactado con la dictadura. Hacen millones de dólares con esto" , explicaba a este periodista Saw Kaw, comandante del KNLA —uno de los grupos armados que lucha contra la Junta militar—, mientras pasaba con su coche frente al complejo el pasado junio. "Es difícil enfrentarse a estos criminales mientras luchas contra el Ejército. Hay milicias que sólo piensan en el dinero y dejan a la mafia montar sus negocios turbios para enriquecerse. Trabajan día y noche, aunque el frente llegue a sus puertas ", aseguró.
Los centros de estafa online ( scam centers , en inglés) estarían generando un beneficio ilícito de unos 55.000 millones de euros , según estimaciones del Institute of Peace de EEUU. Operados por mafias internacionales, se instalan en lugares con escaso control gubernamental y florece en ellos una compleja estructura con miles de ordenadores, iPhones, móviles y empleados de todas las nacionalidades posibles dedicados a trabajar en el engaño y la manipulación digital. No todos se enlistan voluntariamente. Muchos son forzados a ello.
Ampliar el negocio requiere trabajadores de distintas lenguas, por lo que las mafias recurren al tráfico humano . Un informe de ACNUR en 2023 apuntaba que unas 200.000 personas estarían retenidas en este tipo de centros , forzadas a trabajar, sólo en Birmania y Camboya. Amnistía Internacional, tras entrevistar a cientos de víctimas rescatadas de estos lugares, ha calificado las condiciones dentro de estas instalaciones de "esclavitud". "Hemos documentado casos de maltrato, torturas, chantajes o violaciones ", señala a El Confidencial Montse Ferrer, jefa regional del Sudeste Asiático de Amnistía Internacional.
El problema se ha convertido "en una amenaza global creciente", según enfatizó Interpol el mes pasado cuando anunció 58 arrestos en una operación en la que habían participado 23 países de seis continentes distintos contra mafias dedicadas a la ciberestafa. Aunque los grupos criminales intervenidos estaban radicados en África y no utilizaban centros masivos como los asiáticos, mantenían un modus operandi similar. "Gracias a la IA, las herramientas digitales de bajo coste y la creciente colaboración criminal a nivel mundial, estamos presenciando la industrialización del fraude ", resaltó en un comunicado el secretario general de Interpol, Valdecy Urquiza.
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