El Gobierno contra la realidad
Para un político tacticista como Sánchez, una crisis como la de Ceuta no hay que abordarla desde la perspectiva de Estado sino desde el análisis de sus costes electorales, según el manual repetidamente aplicado en la pandemia, la dana, los incendios y demás catástrofes.
Es decir, mediante la creación de un relato que minimice el desgaste de opinión pública ocasionado por la avalancha de ocupantes.
El inconveniente principal de ese método consiste en la dificultad objetiva de encontrar culpables ajenos a los que cargar con las responsabilidades.
No puede señalar a Marruecos porque cualquier solución pasa por su colaboración, además de otros motivos inconfesables, ni tampoco al Gobierno de la ciudad, aunque sea del PP, porque sus competencias autónomas son insignificantes ante un conflicto cuyo alcance incumbe sobre todo a las autoridades nacionales.
Así las cosas, alguien parece haber decidido que la mejor opción es replegarse a esperar que la tormenta amaine por sí sola y la tensión vaya perdiendo voltaje.Al fondo de ese desistimiento, simbolizado en el escandaloso retiro vacacional del presidente en las playas lanzaroteñas, late la idea de que las plazas norteafricanas no constituyen una preocupación relevante para el votante medio de la izquierda, en general poco amigo de despliegues militares y demostraciones de fuerza.
Ante ese colectivo, el único que interesa en Moncloa, resulta más importante el trato a los inmigrantes que el asalto a la frontera .
Contemplado desde el cinismo estratégico, el debate sobre la soberanía violada y la seguridad nacional dispara las expectativas de Vox y mete al PP en problemas al obligarlo a apadrinar posiciones de dureza, mientras que el de los derechos humanos permite a Pedro adoptar pose progresista frente a la creciente inflexibilidad migratoria de la Unión Europea.
A escala interna, el paripé institucional lo cubren a duras penas unos ministros-fusibles tan sobrepasados como en otras emergencias donde su incapacidad de gestión ha quedado expuesta.Cuando el sanchismo choca con la realidad fabrica un argumentario para moldearla a base de consignas, y si fracasa intenta sacarla del foco prendiendo nuevas humaredas políticas.
Esta vez, sin embargo, ni siquiera ha optado por la falsificación narrativa, bien por parálisis de estupor o por conciencia de que no iba a funcionar frente a unas evidencias demasiado nítidas.
De momento el desvío de atención se ha limitado a algún gañafón extemporáneo de Óscar Puente a la monarquía, cuyo titular ha sido por ende bloqueado para que no contradiga con sus gestos simbólicos la inacción oficialista o moleste al régimen marroquí con una visita que insuflase a los ceutíes cierta confianza anímica.
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