Ceuta y las fronteras de ultramar
Las fronteras han sido una de las causas principales de guerras entre pueblos.
Ampliar fronteras siempre fue motivo de orgullo para los habitantes de una nación, mientras que su retroceso es sinónimo de decadencia. «Las fronteras son, en efecto, el filo de la navaja sobre el que penden las grandes cuestiones de la guerra o la paz, de la vida o la muerte de las naciones», escribió el estadista británico Lord Curzon.Las fronteras adquieren un significado muy especial cuando se sitúan en un punto geográfico de gran importancia o marcan la separación entre continentes o civilizaciones.
Este es el caso de Ceuta .
La ciudad que se asoma al estrecho de Gibraltar desde la costa africana fue fundada por los fenicios.
Los romanos la incorporaron a su provincia africana de Mauretania aunque más tarde iba a ser administrada desde Hispania, dando comienzo a su vinculación con la península ibérica.Tras varios siglos bajo dominio musulmán Ceuta fue tomada por el reino de Portugal en 1415.
La otra plaza española norteafricana, Melilla, fue conquistada por Castilla en 1497.
Bajo el reinado de Felipe II, la Unión Ibérica de 1580 integró Portugal y sus territorios en la Monarquía Hispánica.
Cuando Portugal recuperó su independencia en 1640, los habitantes de Ceuta optaron por permanecer bajo la soberanía de la Corona española.
Con su incorporación, la Monarquía española consolidó prácticamente las mismas fronteras que conserva en la actualidad.
Conviene destacar el tiempo transcurrido: Ceuta forma parte de España desde más de un siglo antes de la independencia de los Estados Unidos, dos siglos antes de la unificación de Alemania e Italia y más de tres siglos antes de la independencia de Marruecos en 1956.La situación de Ceuta como territorio español de ultramar no es excepcional en la historia del Mediterráneo.
Desde la antigüedad, Grecia, Roma y Bizancio extendieron su dominio por ambas orillas del Mediterráneo.
Estambul, donde se entrecruzan Occidente y Oriente, constituye un ejemplo de ciudad europea que terminó proyectándose sobre Asia.
Tampoco es una anomalía en la historia moderna en la que varias naciones han propagado sus fronteras hasta tener territorios ultramarinos incluso en otros continentes.
En el caso de Francia, Martinica y la Guayana francesa en el Caribe no son colonias sino regiones de ultramar y sus habitantes son ciudadanos franceses con plenos derechos.
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