Trump quiso sacar a Díaz-Canel de Cuba a cambio de petróleo y capital de EE.UU.
La Administración Trump llegó a ofrecer al régimen castrista un acuerdo para garantizar a Cuba petróleo estadounidense y atraer inversiones para reconstruir su castigado sistema energético.
El precio era considerable: abrir al capital privado la petrolera estatal Cupet y facilitar la salida del poder de Miguel Díaz-Canel , al que la Casa Blanca considera incapaz de sacar al país de su crisis.
La negociación se desarrolló durante meses, pero acabó fracasando, según una exclusiva publicada por 'The Miami Herald'.La información, de Nora Gámez Torres, reconstruye unos contactos que llegaron bastante más lejos de lo que se sabía hasta ahora.
Washington no planteó únicamente vender petróleo a una isla asfixiada por los apagones.
Puso sobre la mesa una remodelación del sector energético que habría concedido a empresas estadounidenses una posición privilegiada en una de las pocas áreas verdaderamente estratégicas de la economía cubana.El interlocutor elegido dice mucho de la naturaleza de la operación.
Los contactos se produjeron con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, conocido como 'El Cangrejo' y perteneciente al círculo más próximo de la familia que gobierna Cuba desde 1959.El planteamiento era bastante directo.
EE.UU. podía suministrar el crudo que Cuba necesita desesperadamente.
La Habana, a cambio, debía aceptar la privatización de Cupet , el monopolio estatal que interviene en la producción, importación, refinado y distribución de petróleo.La fórmula preferida por los negociadores norteamericanos era que inversores de EE.UU. pudieran hacerse con el control de la compañía.
También se manejaron alternativas menos drásticas, entre ellas una sociedad en la que convivieran el Estado cubano y capital privado.Para las empresas españolas, el asunto tiene una lectura adicional.
Las hoteleras españolas han reducido su exposición a Cuba en medio de una creciente presión estadounidense y algunos empresarios llevan meses preguntándose si el objetivo último de Washington consiste no sólo en ahogar las fuentes de financiación del régimen, sino también en preparar el terreno para compañías de EE.UU., según avanzó este diario.Los empresarios de otros países, como España, se preguntan si el objetivo de EE.UU. no es solo asfixiar al régimen, sino despejar el terreno para sus empresasLa comparación que circula es inevitable, aunque las circunstancias sean distintas: la Cuba anterior a 1959, cuando el capital estadounidense tenía una presencia enorme en sectores clave de la isla .
Saber ahora que Washington llegó a estudiar la entrada de inversores norteamericanos en Cupet alimenta esa impresión.Cupet no es además una empresa cualquiera.
Controla refinerías, depósitos y buena parte de la infraestructura de combustible.
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