Carlos Ojeda, pediatra: «La fiebre no es una enfermedad en sí misma, sino la defensa natural del cuerpo para combatir una infección»
Cuando un niño empieza a destemplarse y el termómetro pasa de los 38 grados, es inevitable que en casa aparezcan los nervios.
Lo más habitual entre padres y madres es sentir cierto pánico y querer bajar la temperatura como sea y de inmediato.
Sin embargo, guardar la calma en ese primer momento es fundamental para saber qué hacer y cuidar al pequeño de la mejor manera.Para ayudar a llevar estos momentos con más tranquilidad, el doctor Carlos Ojeda, pediatra del Hospital Centro de Andalucía, ha explicado las claves principales en un vídeo publicado en la cuenta de TikTok del centro ( @hospitalcentroandalucia ).
Y es que según explica, la subida de temperatura no es el problema en sí , sino la prueba de que el cuerpo del niño se está defendiendo por sí solo frente a una infección.La cifra del termómetro no es lo más importanteA la hora de hablar de la salud de los más pequeños, conviene dejar claros algunos conceptos.
El doctor Ojeda explica que consideramos que hay fiebre cuando la temperatura del cuerpo llega o supera los 38 grados.
Si marca menos de esa cifra, simplemente se dice que el niño está destemplado o con febrícula.El especialista hace mucho hincapié en un detalle que a veces se nos olvida: la cifra exacta que marca el termómetro no es lo que debe guiarnos.
Lo que de verdad importa es el estado general del niño y la energía que tiene .
Si el pequeño sigue con ganas de jugar a ratos, responde bien cuando le hablamos, bebe agua sin problema y no se le ve hundido, el proceso se puede controlar perfectamente en casa sin necesidad de salir corriendo al médico.Pautas fáciles para ayudar al niño en casaCuando la fiebre es moderada y el niño se encuentra relativamente bien, el objetivo principal no tiene que ser quitar la fiebre a toda costa, sino lograr que el pequeño esté lo más a gusto posible mientras su cuerpo combate el virus o la bacteria.
Para conseguirlo, basta con seguir unas cuantas pautas cuando se dé esta situación:Beber agua o líquidos a menudo: al subir la temperatura, el cuerpo pierde líquidos más rápido.
Darle pequeños sorbos de agua, algún caldo o infusión con frecuencia ayuda a que no se deshidrate y a que se sienta mejor.
No tapar al niño demasiado: un error muy común es abrigarlo mucho cuando tiene escalofríos.
Lo ideal es ponerle ropa fina y mantener la habitación a una temperatura agradable para que el calor del cuerpo pueda salir con facilidad.
Dejarle descansar a su ritmo: combatir una infección cansa mucho.
Es mejor buscar un ambiente tranquilo en casa, dejar que repose en la cama o en el sofá y no obligarle a comer si en ese momento no tiene apetito.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.