Hans Thomas Christiansen y la DANA de 1862 que casi destroza las Ramblas
Hans Christian Andersen , el autor de cuentos como 'La sirenita', 'El patito feo' o 'El traje nuevo del emperador' , siempre fue un hombre con mala suerte.
A pesar de que su intención era llegar a España en el mes de agosto de 1862 y disfrutar de los días más intensos del verano, no llegó a cruzar los Pirineos hasta el 4 de septiembre, justo en el momento en que empezaron dos semanas de lluvias intensas que desembocarían el 14 de septiembre en las riadas más violentas y destructoras que Barcelona haya vivido nunca.
Y Hans Christian Andersen estaba allí.
Buenas vacaciones.El escritor, de 57 años, llegó a la ciudad Condal junto al joven zoólogo Jonas Colin, de 22 años.
El éxito de sus 'Cuentos ilustrados' le permitió costear el viaje para él y su amigo y no dudó en pararse primero en Barcelona antes de viajar más al sur.
Siempre había querido ir a España y ver si era tan pintoresca y romántica como todos le habían descrito. «Fue como si el cielo me hubiese llovido una beca para poder ir a España», escribiría en sus diarios.
Qué ironía que fuese la lluvia quien casi acaba con su viaje.Al llegar a la capital catalana se hospeda en en actual Hotel Oriente, justo en el centro de las Ramblas y se deja encandilar por lo que llama, «el París de España» .
Durante esos días, como lo haría cualquier turista de hoy día, visita la Catedral, su claustro, el barrio gótico y se deja seducir por los cafés y el ambiente burgués y elegante de la ciudad.
Incluso va a ver los toros, en la extinta plaza de Toros de la Barceloneta, pero la experiencia no le gustó en absoluto, tildándola de cruel y primitiva. ¿Alguien que escribía sobre patitos, gatos con botas y sirenitas pueden gustarle los toros?Lo cierto es que el escritor disfrutó de lo lindo de esos primeros días.
Lejos de la imagen folclórica y romántica que tenía en la cabeza, aquella Barcelona le parecía el sumun de la sofisticación. «Después de comer salimos a la Rambla, que estaba concurridísima de paseantes en aquella hermosa tarde.
Los caballeros muy repeinados y elegantes iban fumando humeantes cigarros , alguno que otro llevaba monóculo y parecía enteramente recortado de una revista de modas francesa.
Las damas, por lo general, vestían la favorecedora mantilla española: un largo velo de encaje negro, sujeto al pelo por encima de una gran peineta, desde donde caía hasta más debajo de los hombros; sus finas manos movían con una gracia especial el abanico negro guarnecido de lentejuelas.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.