El mejor parrillero de España llegó en patera y trabaja en un restaurante familiar de Murcia
La vaca, de raza frisona , había pasado sus primeros cinco años pastando en las praderas de Holanda entre ordeño y ordeño.
Después disfrutó de un retiro dorado, completando la dieta de forraje con abundante cereal, hasta que estuvo lo bastante rolliza para entregar la vida.
Lo más jugoso de su anatomía pasó veintidós días esperando a que se asentaran en ella los rigores de la muerte.
Después, un corte limpio y un atemperado paciente, antes de caer graciosamente sobre el diván metálico donde revelaría sus secretos.
Pero en ocho minutos, todo se puede ir al traste.«A poco que te distraigas te cargas el trabajo de años», confirma Mohamed El Hamdy, que acaba de coronarse como el mejor parrillero del país .
Algo sabe del arte de dominar el fuego, pues es el primero en ganar por segunda vez el Campeonato Nacional de Parrilla celebrado, como cada año desde hace diecisiete, en la jornada de clausura de San Sebastián Gastronomika.El Hamdy tiene 37 años, cruzó el Estrecho en patera hace veinte y lleva diez atizando las brasas de la parrilla del restaurante La Tropical, en la localidad murciana de Los Alcázares.
En 2023 dio la sorpresa, ahora se confirma como un maestro.
Eufórico por este doble triunfo, contaba agradecido como en un centro de menores de Córdoba le ayudaron a encarrilar una formación que le llevaría hasta la cocina de este asador con terraza que despacha más de doscientas comidas por servicio, con la chuleta como plato estrella.Allí la parrilla es suya. «Prefiero no delegar, si algo sale mal soy yo el único responsable», advierte.
El proceso es más exigente de lo que parece.
Ocho minutos decisivos a entre 250 y 300 grados de temperatura en los que hay que estar pendiente de cómo suda la carne, del toque de la llama o de la inclinación de la parrilla.
El objetivo es poner en el plato «una chuleta poco hecha, pero caliente por dentro, con una buena costra exterior ».
En el certamen salió la primera y el jurado -formado por parrilleros de reconocido prestigio y algunas de las 'vacas sagradas' del periodismo gastronómico- ya no pudo sacársela de la cabeza.La pieza era de la cárnica asturiana Trasacar .
Un negocio familiar fundado por Ceferino Trabadelo hace cuarenta años y regentado hoy por sus hijos. «Hemos estado probando entre tres o cuatro piezas y al final nos decidimos por la de menos tiempo de maduración, porque nos pareció que era la que mejor brillo y textura tenía», explicaba Mariano García.
Solo 22 días de guarda , lo que parece contradecir esa moda de las maduraciones interminables que ha imperado en los últimos años.
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