Perelada, la bodega sostenible convertida en lugar de peregrinación para enólogos y arquitectos
Las bodegas se visitan para comprender un vino y los edificios se recorren para descubrir una determinada manera de entender la arquitectura.
La nueva bodega Perelada pertenece a ambas categorías y el visitante aprecia la grandiosidad subterránea de una estética a medio camino entre la catedral y las entrañas de una pirámide.
Inaugurada oficialmente en 2022, se ha consolidado como una visita obligada para enólogos, sumilleres, distribuidores y profesionales del sector vitivinícola, pero también para arquitectos y estudiantes atraídos por una de las obras más singulares de RCR Arquitectes , el estudio de Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramon Vilalta distinguido en 2017 con el Premio Pritzker.El edificio no se limita a contener depósitos, barricas y botellas.
Explica cómo se puede elaborar vino respetando el territorio, aprovechar los desniveles del terreno para trabajar por gravedad y convertir la sostenibilidad en una decisión estructural, no en un simple argumento de comunicación .
La bodega ha sido la primera de Europa en obtener la certificación medioambiental LEED Gold, uno de los reconocimientos internacionales de referencia en construcción sostenible.
Más de la mitad de la energía que utiliza procede de fuentes renovables y su diseño permite reducir en un 75% el consumo de agua.
Una arquitectura que no se impone al paisajeEn el corazón del Alt Empordà, entre los Pirineos y el Mediterráneo, RCR ha concebido un edificio parcialmente enterrado que en lugar de imponerse sobre la tierra se introduce en ella .
La bodega aprovecha un desnivel natural de unos diez metros para ordenar las diferentes fases de elaboración y permitir que la uva y el vino se desplacen por gravedad, reduciendo los movimientos mecánicos y las intervenciones innecesarias.La arquitectura se convierte así en una herramienta enológica.
La forma del edificio, sus materiales, la temperatura natural de los espacios y la organización de los recorridos responden tanto a criterios estéticos como productivos.
No se trata únicamente de contemplar una construcción firmada por unos arquitectos reconocidos internacionalmente, sino de entender cómo cada decisión espacial puede influir en el tratamiento de la uva y en la identidad final de los vinos.Esa doble lectura explica la creciente atracción que despierta Perelada entre los aficionados al enoturismo, pero en especial entre dos colectivos aparentemente alejados.
Los profesionales del vino encuentran una instalación técnicamente avanzada, preparada para elaborar cada parcela por separado y experimentar con variedades, ensamblajes y crianzas.
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