Juan Piqué Vidal y el comercio de los hombres
Juan Piqué Vidal fue un buen abogado pero sabía que los casos no se ganaban con la Justicia o con los argumentos sino conociendo a los jueces y su capacidad de influencia y de corrupción.
Aunque denostado en los últimos años de su vida, fue un anillo al dedo de la sociedad catalana.
Fue su más fiel reflejo y por eso todo el mundo que era alguien en acudió a solicitar y a veces hasta suplicar sus servicios.
Cuando la Audiencia Provincial de Barcelona tuvo que decidir si procesaba a Pujol por el Caso Banco Catalana, el entonces secretario general de la Presidencia de la Generalitat, Lluís Prenafeta, encargó a Juan Piqué la defensa del presidente.
El abogado, que conocía a todos los jueces, los dividió en tres grupos y dos subgrupos.
Los tres grupos fueron: los que seguro que votarían en contra, los que seguro que votarían a favor, y los que no se sabía con certeza.
Este último grupo lo dividió en dos grupos: los influenciables o directamente corruptos, y los que cualquier insinuación podía ser peor el enfermo que la realidad.Prenafeta y el propio Pujol se emplearon a fondo en la estrategia de Piqué.
Hubo casos de magistrados con hijos drogadictos a los que se les pagaron carísimos tratamientos; hipotecas que de repente desaparecieron; esposas que de un día al otro experimentaron vertiginosos ascensos en su trayectoria profesional.
También hubo casos más simples, pero no menos curiosos, como el de un magistrado muy vanidoso que aquella semana tenía que dar una conferencia en Bilbao. -«Presidente», le dijo Piqué a Pujol, «te he reservado un asiento en el avión a su lado».-«¿Pero yo por qué tengo que ir a Bilbao?»-«Da igual Bilbao.
Lo que tienes que hacer hablar con el juez.
Aquí te he preparado un resumen de sus casos más famosos, y de sus sentencias.
Halágalo.
Dille que le admiras.
Póntelo en el bolsillo.
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