Confinamientos y friegas de aceite: así resistió Mallorca a la mortífera plaga de peste de 1820
Cuenta la leyenda que, por mayo de 1820, un pastorcillo, cuyo nombre se desconoce, recogió en la playa de Son Servera, en la zona oriental de Mallorca, un capote que se había utilizado para envolver y enterrar el cuerpo sin vida de un hombre fallecido en un barco procedente de Tánger.
El payés encontró la prenda y se la puso para cubrirse, mientras subía hasta Son Servera.
Se dice que murió al día siguiente y que en poco tiempo ya fueron 50 las personas fallecidas.Esa prenda, de acuerdo con la tradición oral, se convirtió en el origen de una de las últimas grandes plagas en la Europa occidental del siglo XIX: la epidemia de peste que asoló entre mayo y agosto de 1820 a esta localidad y a las vecinas Artà, Capdepera y Sant Llorenç.
Los documentos históricos de la época indican que el brote tuvo su primera víctima registrada el 7 de mayo y la evidencia sugiere que el origen fue un barco procedente de Tánger que ancló cerca de Son Servera mientras transportaba contrabando.Esta epidemia letal en Mallorca se había considerado desde siempre un episodio de peste bubónica , una infección transmitida por las picaduras de pulgas de ratas infectadas, que provoca inflamaciones dolorosas (bubones) que se vuelven negras y necróticas.
Pero ahora, un estudio publicado en la revista 'PNAS', que ha utilizado cientos de estadillos de la época, con recuentos diarios de fallecimientos de las localidades de Son Servera y Capdepera, y modelos epidemiológicos, sugiere que la transmisión de la enfermedad se produjo entre humanos.
La tasa general de mortalidad del 78%, junto con períodos infecciosos cortos y descripciones históricas de un rápido deterioro clínico, sugiere firmemente que las formas neumónicas (la bacteria se transmite por el aire al toser) y septicémicas (transmitida por las picaduras de parásitos humanos como los piojos del cuerpo) contribuyeron sustancialmente a la propagación. «En algunos de los informes, uno de los médicos asegura que no ve bubones.
Nosotros hemos demostrado matemáticamente que la letalidad fue tan alta y con los mismos resultados que en otros lugares donde sí se sabe que fue neumónica o septicémica«, explica a ABC Joana María Pujadas-Mora, investigadora Icrea Academia, profesora agregada de la Universitat Oberta de Catalunya y coautora del estudio.Tampoco los galenos de aquella época podían haber hecho esta distinción puesto que en el siglo XIX se desconocía la forma neumónica de la peste.Estatua en Son Servera del joven pastor como tributo a las víctimas de la epidemia Eugènia Jaume«Este trabajo es una colaboración multidisciplinar en la que se aplican modelos matemáticos y estadísticos avanzados a la investigación histórica.
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