La serenidad de Roberto, la fortaleza de León
El domingo 11 de octubre, al terminar el ángelus, el papa León XIV comunicó una noticia inesperada: «Durante una revisión, los médicos me han detectado un nódulo localizado en el pulmón .
Se ha detectado todavía en una fase muy temprana y está bien localizado.
Los médicos consideran oportuno intervenir.
Por eso, siguiendo sus consejos, he decidido operarme para removerlo».En aquel hombre reconocí al Roberto que conocí en el Perú.
Nunca fue amigo de exagerar los problemas, aunque tampoco de esquivarlos.
Escuchaba con atención, preguntaba lo necesario y procuraba decidir sin precipitarse.
Una vez tomada una decisión, sabía mantenerla.
Había decidido ponerse en manos de los médicos.
Y, al mismo tiempo, pedía a la Iglesia que rezara por él.Suelo leer los Hechos de los Apóstoles, la vida de las primeras comunidades cristianas.
No fue una comunidad sin dificultades.
Hubo desacuerdos, persecuciones, personas que abandonaron el camino y otras que asumieron responsabilidades extraordinarias.
Sin embargo, en medio de tantos acontecimientos, sus miembros aprendieron a reconocerse hermanos.Quizás esta lectura me resulta tan cercana porque tuve la fortuna de participar en los comienzos de otra experiencia comunitaria, mucho más pequeña, pero decisiva en mi vida: el proyecto de formación agustina en Trujillo, que reunió a jóvenes procedentes de distintos lugares del Perú.Robert Francis Prevost fue uno de sus primeros formadores.
Entre 1992 y 1998 era mi director de formación.
Con el paso de los años, aquella relación fue dando lugar a una amistad que continúa hasta hoy.No siempre resultaba sencillo convivir.
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