Barbie Tarajal
Nos queda del verano cierto moreno de piel, cicatrices de la Cuesta de Santo Domingo y personajes fantásticos como la madre de Pedro Sánchez -Margarita Seisdedos de la Internacional Socialista- y la extravagante Wafae , en adelante Barbie Tarajal.
Cuando la vi por primera vez, aparecía en un periódico autodenominado independiente y de la mañana.
En una cata sociológica aleatoria de los 100.000 hijos de Mohamed VI que habían entrado en Ceuta, florecía nuestra protagonista, guapa como para asar una vaca según Montano, y explicaba que venía a España buscando un futuro mejor.
Vale que al comprobador de historias del periodismo español se le ha roto la junta de la trócola, pero ya chirriaba ver a una inmigrante arrojada en las costas de la tierra prometida, haciéndose el 'skincare' entre las rocas.
La inmigración forzosa como tratamiento de 'glowing' facial y spa chirriaba notablemente, pero los compañeros que firmaban la noticia estaban demasiado seducidos por la tentación de presentar a los invasores de Ceuta como un híbrido entre un desfile de Victoria's Secret y los becarios de Literatura Española de la Sorbona.En el fragor de esta batalla infame como la de los campos de IPR, uno conserva una brizna de juicio y si se sorprende haciendo comentarios frívolos sobre una inmigrante y se le encienden los pilotos del salpicadero moral.
Se cae en la cuenta de que algo falla en la historia y se aparece el perro desgraciadamente viejo del reporterismo, pensando cómo es posible que aparezca en un reportaje una mujer linda como una cariátide magrebí quejándose de que la hayan sacado del colegio después de cinco años y hable un inglés mejor que el de Boris Johnson, que recita la Odisea de memoria.Barbie Tarajal representa un icono de muchas cosas.
La primera de ellas supone la adecuación de lo que observamos al molde de nuestros estereotipos.
Pero qué voy a decir yo, que creo que servirse del estereotipo aporta mucho más acercamiento a la verdad que contradecirlo por norma y a mi edad, soy un perfecto sesgo de confirmación con patas.
Confirmar mis sospechas me ha revelado más verdad que ponerlas constantemente en tela de juicio, pues en la sospecha del estereotipo se camuflan justamente los que lo justifican.
El hecho necesario de constatar que no todos los inmigrantes son delincuentes -sería una injustificada generalización- termina amparando a los inmigrantes delincuentes que hacen pervivir el prejuicio.
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