La izquierda radicaliza la calle
La movilización que el Gobierno y la izquierda trataron de impulsar a raíz del desahucio de Maricarmen Abascal y los sucesos posteriores, lejos de alumbrar un nuevo 15-M favorable a sus intereses electorales, ha terminado alentando a movimientos minoritarios, violentos y marginales.
La crisis de la vivienda es innegable, pero las protestas han dejado al descubierto las contradicciones de un Gobierno y unos socios, cuya gestión ha agravado con sus políticas.
La criminalización de los propietarios ha encontrado pronto sus límites cuando algunos de quienes la promueven han quedado retratados como propietarios y han agravado el problema del alquiler.
La acampada de Sol, además de un problema de salud pública, se ha convertido en un escenario de violencia y hostigamiento contra quienes piensan distinto.
El matonismo se extiende por el país, desde las agresiones a reporteros y ciudadanos hasta los episodios de 'kale borroka' en Pamplona y los intentos de ocupar espacios universitarios.
Esta deriva constituye una preocupante normalización de la violencia callejera que evoca los peores episodios de la historia reciente.
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