Crítica de 'La bola negra' (***): Imbatible Lorca, tan bien enmarcado en su tragedia y universo sexual
Llega a las salas de cine 'La bola negra', película de Javier Calvo y Javier Ambrossi que tiene una gran cuesta abajo por delante y que presumiblemente hará historia en el cine español.
En realidad, estos dos directores llamados Los Javis traían un cartel anunciador casi desde el principio, desde que hicieron la serie 'Paquita Salas' y la incorrectísima y sorprendente película 'La llamada', y que redondearon con su serie 'La Mesías' y ahora con el impacto probablemente mundial de 'La bola negra'.Tienen estilo, personalidad, ilusión por el riesgo y buena mano para equilibrar el 'orden' y el desorden y, de hecho, la mayor y mejor cualidad de 'La bola negra' es ordenar un relato complejo en espacio, tiempo y personajes, y también desordenarlo mediante desmesura estética, lírica y sentimental, además de lorquiana, y con un evidente y desbocado proceso de acentuación ortográfica para llenar de tildes el universo de García Lorca con pasiones y reivindicaciones homosexuales.Es el año de Lorca, la conmemoración del 90 aniversario de su asesinato, el momento de la conversión final, de la admiración y el reconocimiento, al culto.
El mundo ama a Lorca y esta película recoge y recogerá también los frutos de ese amor.
Llegará a los Oscar, y probablemente en tromba y con el efecto de bomba racimo, extendiéndose, y ya se especula con que le queda corto el Oscar a la mejor película extranjera y no le queda largo el Oscar principal y algunas de sus ramificaciones.
Pero antes de las conjeturas, la película tiene su cita con el público español.En el núcleo de la historia que se cuenta está la obra inacabada, en realidad, unos cuantos folios, de García Lorca, 'La bola negra', y alrededor de ese centro se construyen algunas tramas argumentales que se apoyan en la obra teatral de Alberto Conejero ('La piedra oscura') y en la capacidad creativa y universo particular de estos dos directores, Calvo y Ambrossi, que empastelan realidad, historia, ucronía y ficción, con personajes inexistentes, tuneados e incluso tan reales y cruciales en la vida de Lorca como Rafael Rodríguez Rapún, con esa última fotografía de grupo en la que el poeta toca o acaricia su frente y que la película enmarca como una prueba de Adn.En tres tiemposLos tres tiempos en los que se enreda el relato, 1932, 1937 y el arriesgado 2017, permiten poner en escena la obra inacabada de Lorca, esa bola negra clasista y homófoba que le impide a un joven ser miembro de un Casino, y ver al poeta en un precioso blanco y negro y con una presencia casi fantasmagórica, gracias, entre otros detalles, al perfecto deje y la asombrosa pose del actor Alberto Cortés.
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