El Ángelus de San Luis
El premio gordo de lo sublime ha salido tempranero, ha caído en San Luis de los Franceses y lo ha repartido Pedro el Granaíno con 'Pan de Oro'.
Se ha puesto caro el pescao del cante en la Bienal.
Fue a la hora del Ángelus, liturgia sabatina y dominical.
Es el evangelio del cante, transmitir para provocar emociones.
Y eso fue lo que pasó cuando el eco de sochantre de Pedro entonó el réquiem por las ausencias del maestro Pepe Habichuela y el llorado Miguel Salado, homilía inspirada en la que Vicente Amigo dedicó a la muerte de Paco de Lucía.
Viaje de ida a la pena y vuelta con la vidalita compuesta por Enrique Casellas, que colmó de emociones el alma de los parroquianos con la sutil colaboración del clavecinista Daniel Oyarzábal, la viola de Rosa Escobar y Antonio Patrocinio su fiel guitarrista.
Gloria bendita la de este evangelio jondo según San Pedro.
La Bienal debe ser ese juego permanente de contrastes que permita una muestra abierta, de lo clásico a la vanguardia, la pluralidad de conceptos y formatos.
Sevilla pone escenarios donde la vida es otra historia y resultan maravillosos porque cuenta además con un ambiente de ciudad único.
Pero hay trajes que siendo apropiados para otros eventos, no le sientan bien al flamenco.
Resultó estrafalario el montaje de la gala inaugural en la Real Maestranza, que más que un escenario en la plaza de toros parecía que estábamos en la obra del Puente del Centenario con tanto hierro.
Y para mayor semejanza, el atasco a la hora de entrar.
Eso desdibujó una propuesta muy apropiada para evocar la Ópera Flamenca, que era el motivo de este programa.
Por cierto, decía Sabicas que la maravillosa acústica de esta plaza le permitió tocar de concierto sin megafonía yendo en la compañía de la Niña de la Puebla.
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